jueves, 20 de junio de 2013

La Planta, de Stephen King

“John Kenton es un licenciado en lengua inglesa que trabaja para Zenith House, una pequeña editorial de libros de bolsillo de Nueva York que tiene el 2% del mercado de libros en rústica y es decimoquinto en una lista de quince editoriales. Todo el personal de Zenith House está angustiado ya que Apex, la corporación dueña, pretende poner la casa en el mercado si no hay un repunte en las ventas en el año civil de 1981… y debido a la pobre red de distribución de Zenith, eso parece improbable. 
 
Es en este marco en el que Kenton recibe una solicitud por carta de Carlos Detweiller, de Central Falls, Rhode Island. Detweiller, de veintitrés años, trabaja en la Casa de Flores de Central Falls, y está ofreciendo un libro escrito por él titulado Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. Para Kenton es obvio que Detweiller no tiene absolutamente ningún talento de escritor… pero en ese caso, ninguno de la mayoría de los escritores de la lista de Zenith lo tiene, de modo que decide alentar a Detweiller para que envíe algunos capítulos de prueba y un borrador. 
 
En cambio, Detweiller envía la obra completa, que es aún peor de lo que Kenton hubiera imaginado en sus peores pesadillas. Pero lo peor de todo son las fotografías que el aspirante a escritor adjunta. Algunas son penosas falsificaciones, pero una serie de cuatro fotos resultan perturbadora y repugnantemente realistas… Y esto es solo el comienzo…

…El comienzo de una historia casi tan descabellada como las que la editorial está acostumbrada a publicar…”

La Planta, una novela por entregas escrita de forma epistolar —es decir, a base de cartas, memorándums de oficina, extractos de diarios, etc.—, comenzó como la idea de Stephen King de un regalo de Navidad fuera de lo común. King consideraba que sería interesante reemplazar las consabidas tarjetas de Navidad por algo que las personas pudieran disfrutar y, a la larga, conservar. De modo que para finales de 1982, algunos familiares, amigos y allegados del escritor de Maine recibirían la que sería la primera parte de una novela bellamente encuadernada, en tapa dura, con cubiertas color verde oliva. Las páginas interiores estaban impresas en un fino papel color crema. Este tipo de edición era el sello característico de Philtrum Press, la misma editorial, propiedad de King, que luego publicaría trabajos como Los Ojos del Dragón o Six Stories, y que se ha caracterizado en su casi desconocida pero longeva historia por el cuidado y exclusividad de sus publicaciones.


Un set como este puede rondar los 2.500 o 3.000 dólares. 


En 1983 y 1985, los amigos y familiares de King recibirían la segunda y tercera partes de la historia, con una presentación igual a la primera, y aunque obviamente se trataba de un presente, el hecho de tratarse de una obra inédita y de carácter tan excepcional provocó que con el tiempo algunas copias comenzaran a circular vendiéndose a precios exorbitantes. En alguna ocasión el autor manifestaría que eso era algo que no podía controlar. Era un regalo, y cada cual podía disponer de él como quisiera. Aún hoy sigue siendo una de las piezas más buscadas por los coleccionistas. Tratándose de un ítem que no superaba los 250 ejemplares, es casi imposible conseguir una copia —un set con los tres tomos ronda actualmente los tres mil dólares—, y tal vez solo se vea superada por la codiciada edición encuadernada en amianto de Firestarter.

Sea como fuere, para 1986 King decidió que no seguiría escribiendo la historia, alegando que el relato se asemejaba mucho al filme La Tiendita del Horror (Little Shop of Horrors), de modo que la historia entró en hibernación, y las ediciones del libro se convirtieron en objeto de culto…
Junto con La Planta, esta edición de
Firestarter es una de las más buscadas
por los coleccionistas.


…Hasta mediados de 2000…

En junio de ese año llegó la esperada noticia: Stephen King anunció que publicaría nuevamente las tres primeras partes de la novela —a la sazón con algunos cambios y correcciones— y que además la terminaría, a razón de una entrega por mes por tiempo indefinido. La novedad era que se trataba de un libro electrónico y que, a diferencia de Montado en la Bala, el archivo no sería encriptado y el usuario tendría la libertad de imprimirlo. Eso sí, King le daba el voto de confianza al lector, que pagaría el precio estipulado por entrega de un dólar una vez descargara el archivo, y condicionaba la continuación dependiendo de la acogida y el cumplimiento del trato. Era, repito, un negocio basado en la confianza.

Los fans respondieron con entusiasmo, y para julio de 2000, con bombos y platillos, aparecía en línea la primera parte de La Planta. En las primeras quince horas el archivo fue descargado más de 40.000 veces, con un promedio de pago de casi un 80%. Unas cifras nada despreciables.

King se mostró agradecido y adelantó la que sería la dinámica de las próximas entregas, cada una de las cuales sería más larga que la anterior y, al ir acercándose a la conclusión, con un pequeño incremento en el costo —2,50 dólares—.

En agosto y septiembre de 2000 llegarían la segunda y tercera partes, respectivamente, manteniéndose las cifras bastante estables.

Pero entonces el panorama se ensombreció.

A pesar de que King prometió concluir la obra e, incluso, publicar de manera gratuita las últimas entregas, la cantidad de descargas disminuyó y el porcentaje de pago bajó en picada del inicial 75% a un 45%. King cumplía; los lectores, no. Así fue durante la cuarta y quinta entregas, al término de la cual King anunciaba que la sexta sería por el momento la última, el final de lo que vendría a ser el Libro I (Zenith Rising), con su propio clímax y donde se definiría el destino de varios personajes, y que la historia, una vez más, entraría en hibernación.


Portada interior de la primera entrega. 


El descontento fue grande, y la polémica no se hizo esperar.

A decir verdad, para el lector promedio puede resultar tediosa la espera mes tras mes para continuar la lectura, y no es de extrañar que muchos perdieran el entusiasmo. Además, otros se quejaron del incremento a dos dólares en las entregas más largas, por lo que poco a poco el proyecto se fue desvirtuando.

Por otra parte, en el trasfondo de todo esto, y en una época en la que el tema de los libros electrónicos recién comenzaba a surgir, el proyecto de La Planta había estado siendo observado de cerca por los críticos literarios y las editoriales, algunas de las cuales no podían evitar ver como una amenaza el éxito de King en la red, más aún luego de la triunfal publicación, meses atrás, de Montado en la Bala, primer libro lanzado única y exclusivamente en internet. La posible desaparición de los editores como intermediarios entre el autor y el lector era tema de actualidad, de modo que no pocos analizaban mes tras mes la evolución del proyecto.


Una de las dedicatorias de puño y letra
de Stephen King. 

Muchos, aún hoy trece años después, siguen asegurando que el libro electrónico nunca superará al de papel, y que el editor siempre jugará un papel importante en la publicación. Pero en el segundo semestre de 2000 el debate estaba abierto, y cuando King anunció la suspensión de La Planta, tanto lectores como editores no tardaron en dar su punto de vista. Las opiniones, desde luego, estuvieron divididas, pero ante todo el proyecto dejó muchas cosas para pensar y analizar para todas las partes.

El New York Times publicó una columna criticando a King y analizando el “experimento” como un proyecto que se “marchitó, sobre todo porque el autor malinterpretó la naturaleza de sus lectores”, arguyendo que las historias de King eran para leerse de una sentada y que pretender emular a Charles Dickens en la red había sido un error.

Portada del tomo I. 
King no se quedó atrás y además de recordarle muy certeramente al diario el éxito de la novela por entregas La Milla Verde, y experimentos similares de otros autores, aclaró su punto de vista y su tranquilidad de que, a pesar de todo, para él La Planta solo dejó resultados positivos. En varias ocasiones el autor ha dicho que la interrupción de la novela no se debió a razones de tipo económico —aunque también dijo que es su trabajo y que como tal estaba dispuesto a cobrar por él—, sino más bien a la notable falta de interés de los lectores y, sobre todo, al hecho de que la historia, simplemente, se iba a pausar dándole vía a otros compromisos y proyectos pendientes, lo que no significaba que no se fuera a terminar en algún momento. Si la primera vez el relato se interrumpió por casi veinte años, dijo King, nada indica que no pueda proseguir en dos o tres años.

Para King, en todo caso, el proyecto en particular, y la publicación en la red en general, presentó tres dificultades:

«Uno es que la mayoría de los usuarios de Internet parecen tener la atención dispersa de los saltamontes. Otro es que los usuarios de Internet se han acostumbrado a la idea de que la mayoría de las cosas disponibles en la Red o son gratis o deberían serlo. El tercero —y más importante— es que los lectores de libros no reconocen a los libros electrónicos como libros reales. Son como la gente que dice "Adoro el maíz en la mazorca, pero el maíz sin grasa me hace vomitar". Desde que el experimento de The Plant comenzó en julio, docenas de personas me han dicho que no pueden esperar a que se imprima en un libro para leer la historia. Ellos tampoco entran en la Red para otra cosa que no sea el correo electrónico, o simplemente es que piensan que leer on line, o incluso si lo que leen ha sido impreso en la privacidad de su hogar, no es una lectura real. Para ellos, es maíz sin grasa. Y les hace vomitar.»

Teniendo en cuenta que el libro no tuvo que pasar por costo de imprenta y comisiones, el saldo de ganancia bien puede hacer que el columnista de turno del New York Times se trague sus palabras. Para las editoriales fue King incursionando en el mercado virtual como un metomentodo harto molesto; para el autor fue un simple juego que resultó divertido e interesante.


Página de créditos con numeración a mano. 


Yo lo único que saco de todo esto es que es una verdadera lástima que la novela siga inconclusa, pero que aún así hay que darnos por bien servidos, pues la misma pudo haber continuado nada más que en tres partes inconseguibles reposando en las arcas de algún coleccionista.

Entrando en materia sobre la novela propiamente dicha, estamos ante un relato del mejor estilo ochentero del Maestro del Terror. Hay suspenso, hay horror y además una buena dosis de humor negro. El formato epistolar hace la lectura bastante amena y dinámica, y solo a medida que avanzamos nos encontramos con pasajes realmente extensos escritos a manera de diario por varios de los protagonistas.

Al leerlo, es inevitable evocar aquellos viejos capítulos de La Dimensión Desconocida, con los hechos sobrenaturales a la orden del día, pero sin dejar de lado nunca ese delicioso toque de humor que King sabe poner en su justa medida.

Ya al comienzo he reproducido una sinopsis que da una idea general de hacia dónde se encamina el relato, por lo que adelantar más sería estropearle la sorpresa al lector. Además, si juntamos el título y el autor, tenemos una clara pista: en la novela hay una planta, y puede ser peligrosa.



Caja contenedora.


La historia tiene el inconfundible sello del escritor de Maine, y a pesar de que la mayor parte de lo que tenemos de la novela fue escrita hace poco más de diez años, el espíritu del relato como fue proyectado en un comienzo parece conservarse intacto. Aunque por desgracia la historia está temporalmente inconclusa —King, como dije más arriba, prometió reanudarla en algún momento, pero no se ha vuelto a saber nada—, en realidad podríamos considerar las seis partes de La Planta como un todo, como una especie de tomo I de una novela en dos volúmenes, y como tal cuenta con un interesante crescendo que lleva a un clímax que si bien nos deja con muchas ganas de continuar y saber qué va a pasar, también nos deja bastante satisfechos.

La Planta es una lectura entretenida, muy en la línea de novelas como Christine, Cementerio de Animales o Cujo, no por su formato, sino por ser un relato de horror con un elemento sobrenatural protagonista que incide directamente en el argumento. Se lee rápido y logra su cometido.

Como dato curioso, en La Planta hay un guiño a otra novela del autor: Maleficio. En la primera, Richard Ginelli es un mafioso copropietario de un local llamado “Four Fathers (Cuatro Padres)”. En la novela escrita bajo el seudónimo de Richard Bachman, Ginelli es igualmente uno de los propietarios de un negocio llamado “Three Brothers (Tres Hermanos)”.

Yo casi puedo ver un hermoso volumen en tapa dura en un futuro ojalá no muy lejano, pero mientras eso sucede, hice el mío propio, una autoedición de la que no puedo evitar sentirme orgulloso. :)




Queda esperar que King, como narrador nato que es, se decida a continuar “desenterrando el fósil”, y nos regale la conclusión de esta historia. Seguramente él sería el primero en querer saber cómo termina. En la página oficial del autor fue puesto recientemente en descarga gratuita el archivo completo con las seis partes, y las peticiones para que King termine la novela han llovido por decenas, pero el silencio sigue siendo la única respuesta…

;)





5 comentarios:

alcorze dijo...

Impresionante entrada, George. Eres un crack. Y espero que King se decida a terminar con La planta. Yo no lo he leído, tendré que ponerle remedio ;)

✿ Belle ✿ dijo...

menuda historia la de este libro! debe ser interesante leerlo asi como documentos y extractos... otra cosa :) como que debe dar más ganas de seguir leyendo y descubriendo :P genial entrada :D

Sonix dijo...

Genial la entrada, muy completa y entretenida!
Pues la verdad es que es una pena que siga incompleta, por eso creo que nunca me ha dado por leer lo que hay escrito ya.
¿La última foto es de la autoedición que has hecho tú? ¡Impresionante!

Santiago dijo...

¡Genial tu propia versión de La Planta! Me gustaría hacer una impresa parecida. Tantas joyas que hay T_T

Calavera dijo...

Al, Belle, Sonix, Santiago, muchas gracias por sus comentarios!!! :)

Me alegra que les gustara la entrada. :D

Y sí, esa edición la hice yo mismo. :) Bueno, imprimí la novela, la portada y le diseñé el lomo, y en una empresa de encuadernación se encargaron del resto. :P

;)

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