domingo, 20 de julio de 2014

Rabia, de Stephen King (bajo el seudónimo de Richard Bachman)

“Un adolescente al borde de la locura toma veinticuatro rehenes en un colegio. Los intentos de encontrar una salida pacífica por parte del profesorado y la policía resultan vanos. Mientras, los jóvenes retenidos se contagian gradualmente del frenesí de violencia que les impone su captor. Cada palabra, cada acto, se convierten en descarnadas acusaciones contra un sistema de enseñanza corrupto y un modelo de familia basado en la hipocresía, que obligan a los jóvenes a reprimir sus sentimientos para convertirlos en carnaza de una sociedad que les devorará implacablemente…”

Entre 1977 y 1984 Stephen King publicó cinco novelas con el seudónimo de Richard Bachman. Según el escritor de Maine, hubo dos razones por las cuales terminaron desenmascarándolo: en primer lugar, porque los cuatro libros iniciales estaban dedicados a personas cercanas a él, y en segundo lugar, porque su nombre apareció en los formularios del registro de propiedad de uno de los libros.

Las razones que tuvo, si es que acaso un escritor debe exponer sus razones para publicar un libro, fueron el hecho de que King publicaba sus novelas a un ritmo un poco más acelerado de lo normal, debido a lo cual sus editores temían poder saturar el mercado con su nombre. Por otra parte, y a pesar de esto último, King realmente deseaba compartir esas otras novelas con el público, aunque fuera con otro nombre, por lo que, en sus propias palabras, «…era a Bachman a quien yo recurría cuando necesitaba desahogarme. Sin embargo, eso no explica por qué experimentaba la incesante necesidad de publicar lo que escribía aunque no precisara dinero.»

El supuesto Richard Bachman
Stephen King considera que sus novelas firmadas con seudónimo son sinceras: «Por lo menos, las escribí con el corazón, y con una energía que ahora sólo puedo imaginar en sueños.» Y añade, para terminar, que quizá habría publicado las cinco novelas con su propio nombre «si hubiera conocido un poco mejor el mundo editorial... Sólo las publiqué entonces (y permito que se reediten ahora) porque siguen siendo mis amigas.»

Curiosamente, hasta hubo una biografía ficticia de Richard Bachman, la cual nos dice que “nació en la ciudad de New York en los años 40. Después de graduarse en la secundaria, se unió a la Guardia Costera, y navegó con la marina mercante por aproximadamente diez años. Finalmente se instaló en la zona rural de New Hampshire, dividiendo su tiempo en escribir novelas y atender su pequeña granja. Él y su esposa, Claudia Inez (a quien está dedicada Thinner), tuvieron un solo hijo, que murió a la edad de seis años, ahogado en un pozo.”

Más tarde, cuando Stephen King quedó en evidencia, se dijo que Bachman había muerto de una extraña enfermedad llamada “cáncer de seudónimo”.

Rabia, cuyo título original era Getting It On, fue la primera de esta serie de novelas publicadas con seudónimo y, de hecho, fue escrita antes de Carrie, la novela con que debutó el escritor de Maine y cuyo éxito lo lanzó a la fama. Narra la historia de Charles Decker, un estudiante de secundaria con ciertos desórdenes mentales que un día, harto de un esquema social en el que se siente aprisionado, decide abrir fuego contra algunos profesores y secuestrar a sus propios compañeros en el salón de clase.

Primera edición en USA
Con esta pequeña descripción, es inevitable rememorar la cantidad de sucesos similares que han acaecido en escuelas de los Estados Unidos, algunos de los cuales se vieron íntimamente vinculados con la novela del escritor nacido en Maine. Desafortunadamente, Rabia terminó siendo culpada, de manera directa o indirecta, por algunas de las masacres, dado que en varios casos los victimarios dijeron haber leído la novela e, inclusive, un ejemplar de la misma fue hallado entre sus pertenencias.

Culpar a una obra literaria del comportamiento de un individuo resulta disparatado; las víctimas fatales seguramente habrían terminado igual con o sin libro. Pero al final el mismo King renegó de su obra y prohibió su distribución y reedición. Mucho se ha hablado del tema, y no son pocos los que opinan que la decisión de King era innecesaria, pero a fin de cuentas esto solo ha logrado que el interés por el libro aumente.

En este orden de ideas, para el coleccionista o Lector Constante del Maestro del Terror, Rabia resulta un ítem especialmente apetecido. En castellano (y es de suponer que en inglés también) la novela es realmente muy difícil de conseguir, y son muchos lectores los que al final se ven obligados a optar por leer la obra en alguna de las versiones digitales que pululan por la red. En castellano, hasta donde sé, solo existen cinco ediciones: dos editadas por la editorial Martínez Roca (una de las cuales, en tapa dura con sobrecubierta, tal vez sea la más difícil de todas); una de la colección pocket roja de Plaza & Janés; otra que hace parte de la colección española Orbis Fabbri, y una última reedición (que al día de hoy sigue sorprendiéndome que exista) a cargo de la editorial DeBolsillo, un sello de Random House Mondadori.






Yo, afortunadamente, tengo dos: uno de Debolsillo y uno de Martínez Roca. Este último lo ansié por años, pues se trata nada menos que de la primera edición en castellano. Al final terminó en mis manos de la manera menos esperada: como regalo en una fecha especial de alguien a quien adoro. ;)




Con estos antecedentes, es inevitable sentirse honrado de poder leer el libro en papel (y no en un insulso PDF ante la pantalla de un computador). En este caso fue una relectura, en la cual mi concepto del libro se mantuvo, llegando a la conclusión de que, sin duda, se trata de una excelente novela que da mucho para pensar.

Haciendo aparte todos los hechos funestos que siempre rodearon a la novela tras su publicación, a medida que uno avanza en la historia se da cuenta de que en realidad estamos ante una crítica dura y directa a la sociedad, a la hipocresía de un supuesto orden establecido que, en muchos casos, lo único que hace es reprimir a la juventud y hacerla más vulnerable aún, si cabe, a sus propios miedos. No es de extrañar que los propios compañeros de Decker terminen sumándose a su causa a medida que pasan las horas, mientras los alrededores del colegio se llenan de policías, medios de comunicación y un sinfín de curiosos ávidos de sangre.

Stephen King tenía unos veinticinco años cuando escribió esta historia, y es de sorprender la forma en que plasmó una situación que de otra manera habría resultado monótona y aburrida.

Charles Decker abre su corazón y expone a sus compañeros, en medio de retazos sueltos de los hechos más trascendentales de su vida, el porqué ha llegado a esa situación límite, a ese callejón sin salida, sin importarle en realidad otra cosa que no sea gritar bien alto al mundo su protesta contra lo establecido. A medida que pasa el tiempo, otros terminan relatando en voz alta sus propios miedos, sus temores, su incertidumbre ante un futuro que se abre ante ellos bajo la sombra de la presión que ejercen la escuela, el gobierno, la ley e incluso su propia familia. Llega un momento en que, de alguna manera, vemos en un espejo al adolescente que fuimos en el pasado, con sus respectivas dudas e inquietudes.

Al final el crescendo nos llevará a un desenlace inevitable, no sin antes lograr que nos cuestionemos las razones por las que, aún hoy en día, la sociedad cojea por innumerables puntos, y los jóvenes siguen siendo carnaza de un orden que no los trata como se merecen.

Sin lugar a dudas, una novela imprescindible en la obra del autor, y unas de las mejores publicadas bajo el seudónimo de Richard Bachman. 



viernes, 13 de junio de 2014

100 Seguidores

¡Hola a tod@s!

Como la imagen lo dice, El Blog de Calavera alcanzó esta semana, finalmente, la nada despreciable cifra de 100 seguidores. :)




La verdad es que los nuevos seguidores comenzaron a brillar por su ausencia a medida que pude dedicarle menos tiempo al blog, no obstante lo cual siguieron llegando, y hoy me enorgullece decir que ya son 100 personas, entre colegas, amigos y cibernautas, los que no solo encontraron algo interesante en este espacio, sino que además decidieron dar un click adicional para comenzar a seguir las disertaciones de un servidor.

Un click que para uno es una especie de aprobación, un “¡Hey, buen trabajo!”, casi un halago, porque cuando entras a tu blog y encuentras un nuevo seguidor, te dices a ti mismo: “¡Vaya! A alguien más le gusta lo que hago.” :D

Gracias a tod@s aquellos que siguen mi blog y que de alguna manera apoyan lo que hago. Y gracias a tod@s aquellos que también sé que siguen mi blog, pero que no aparecen entre los “Seguidores” porque no tienen cuenta Google. Jejeje :P

Gracias también a los que siguen la página del Blog en Facebook, y que de vez en cuando pasan por aquí a leer lo que publico.

Saludos! ;)


domingo, 8 de junio de 2014

El Día del Relámpago, de J.J. Benítez

NOTA IMPORTANTE: Esta entrada puede contener SPOILERS de la saga Caballo de Troya

«Caballo de Troya» terminó pero, ¿qué le sucedió al mayor tras su regreso a 1973? ¿Imagina usted «Rayo negro»? ¿Fue el general Curtiss un traidor?

«El día del relámpago» es un «thriller» en el que usted vivirá 101 días trepidantes.

¿Murió Eliseo? ¿Se hundió la «cuna» en el mar Muerto?

Aunque lo intente no podrá imaginar lo que sucederá el 29 de agosto de 2.027. Tendrá que leerlo (y tampoco).

Con este libro, usted «vivirá lo no vivido».”

Antes que nada, y a pesar de que lo advierto nada más comienza esta entrada, debo avisarle nuevamente al hipotético lector de este blog que si no ha leído los nueve tomos de la saga Caballo de Troya, de J.J. Benítez, por favor NO LEA ESTA RESEÑA, ya que puede estropearle alguna sorpresa.

El Día del Relámpago, publicado el 4 de abril de 2013, comienza justo donde termina la última entrega de la exitosa saga Caballo de Troya, con el mayor de la USAF que viajó a la época de Jesús de Nazaret hundiéndose en las aguas del Mar Muerto, luego de que la “cuna”, la nave en que él y su “hermano” Eliseo viajaran al pasado, se viera a punto de quedarse sin combustible tras el último salto y se hundiera a su vez en las espesas aguas.

Tras salvarse por poco de morir ahogado, el Mayor es llevado a un hospital de las inmediaciones, donde es sometido a una operación que le salva la vida. Allí lo encuentran sus superiores, los altos mandos de la Operación Caballo de Troya, que se hacen cargo de la situación y, luego de no pocas complicaciones, lo llevan de regreso a su país.

Pero no todo es tan fácil como parece. Su regreso es solo el comienzo de una nueva etapa de aventuras…

Las preguntas y los reclamos por el “fracaso” de la operación no se hacen esperar. ¿Qué pasó con la “cuna”? ¿Murió realmente Eliseo? ¿Deben regresar en su búsqueda? Hay que recuperar la nave a como dé lugar, pero ¿cómo? Estas interrogantes están a la orden del día, y cada persona involucrada en la solución es movida por sus propios intereses… Y todo esto, sumado a las conspiraciones y al clima de guerra inminente que se vive en pleno 1973, hace que esta nueva etapa de la historia resulte realmente interesante.

J.J. Benítez
Mientras todo esto sucede, el Mayor, alentado por Curtiss —que por momentos parece estar de su parte, y en otras ocasiones demuestra no ser más que otro militar corrupto en busca de su propio beneficio—, comienza una exhaustiva revisión de los Diarios, donde a medida que avanza empieza a encontrar unos extraños errores en su contenido… ¿Fue él… o alguien más les metió la mano?

En suma, el Mayor está de vuelta en su tiempo, pero las cosas están lejos de terminarse…

Mientras escribo esta entrada, he revisado la última publicación que hice sobre el autor, justamente la reseña de Caballo de Troya 9: Canáque al día de hoy permanece como una de las entradas más visitadas del blog, y me he encontrado con una casualidad tan grande, que no sé si sorprenderme o sencillamente sentirme convencido de que nada es casualidad, y que todo está atado y bien atado, como le gusta decir al escritor nacido en Pamplona… O bien, que definitivamente esta historia está tan llena de magia que llega un punto en que esa magia nos toca…

Desde hace muchos años llevo un registro de los libros que leo, con fecha, autor y título. Pues bien, este libro que hoy reseño lo terminé el pasado domingo 1º de junio. Seguramente entenderán mi sorpresa al descubrir que el último tomo de la saga lo terminé hace exactamente dos años, también un 1º de junio. ¿Casualidad? Tal vez sí… pero teniendo en cuenta las cosas que me han pasado con la lectura de esta historia —los invito a leer esta otra entrada para que comprendan a qué me refiero—, no deja de ser sorprendente…

Entrando más en materia, aún recuerdo la sensación de plenitud que sentí al terminar la serie, al cerrar la última página luego de nueve tomos y más de cuatro mil páginas de aventuras, suspensos, emociones y sorpresas… Realmente me gustó mucho el final, estuvo a la altura de toda la saga, de toda la expectativa que se había construido, pero mentiría si dijera que no quedé con ganas de más. A pesar de que la historia cerraba, y cerraba bien, hubo muchos interrogantes que quedaron en el tintero. ¿Qué pasaba en esos dos últimos años de predicación del Maestro? ¿Qué pasaba con Eliseo? ¿Realmente nos íbamos a quedar sin saber lo que sucedía entre los años 28 y 30 de nuestra era? Sin embargo, creo que por encima de todo el interrogante que más me intrigaba —y fue algo que muchas veces me pregunté a medida que transcurría la serie— era qué pasaría cuando la operación terminara y el Mayor regresara a nuestro tiempo, qué acontecía desde el instante de su regreso hasta el momento en que se ponía en contacto con Benítez para hacerlo depositario de sus Diarios…




No obstante todo esto, repito, cuando terminó la serie me sentí satisfecho.

Pero entonces, meses después —pues la novela había sido publicada mucho antes de que tuviera la oportunidad de leerla— comenzaron a correr rumores de que habría una continuación. Al comienzo no me los creí, pero entonces el rumor se convirtió en un anuncio oficial: habría una trilogía independiente que narraría los acontecimientos que vienen después del regreso a 1973, y que llenaría todos esos interrogantes que planteara más arriba.

La sorpresa, desde luego, fue mayúscula, y cuando salió a la luz El Día del Relámpago, encima con semejante sinopsis, conté los días para hacerme con el mío…

Y bueno, como decía, el pasado domingo lo terminé, y me gustó mucho. Prácticamente lo devoré. Es decir, narra todo lo que siempre quise saber sobre el regreso del Mayor, de modo que he absorbido cada detalle como una esponja. Las sorpresas son muchas, los giros también, y el sinfín de datos sobre la operación hace del libro una verdadera delicia para los seguidores de la saga.

El final es muy contundente y apasionante, y solo ha hecho que quede con ganas de más. Es un final muy abierto, que deja no pocos interrogantes sobre lo que se viene en los próximos dos volúmenes. Sin embargo, no quiero adelantar nada. Solo diré que, según parece, Benítez tiene planeado no dejar ni el más mínimo cabo suelto, y que el círculo completo se va a cerrar hasta encontrarse con aquella mítica y memorable línea que reza:

“Mi reloj señalaba las tres de la tarde. Faltaban dos horas para que el Cementerio Nacional de Arlington cerrara sus puertas…”

Tal vez la única pega que le he encontrado a este libro ha sido el cambio de estilo con respecto a los anteriores. En esta entrega, J.J. Benítez (o el Mayor) realmente cambia algunas características de su narración. Por una parte, cuenta con una gran cantidad de frases cortas, con respectivos montones de párrafos cortos. Comparándolo con los libros de la saga, de verdad el cambio se nota. Pero lo que menos me ha gustado ha sido el uso excesivo de metáforas o analogías. El lector seguramente se dará cuenta cuando lo lea, y quien ya lo haya hecho de seguro sabrá estar de acuerdo conmigo cuando le hable de “la intuición”… Con esto último, a veces sentí que se pasaba y que comenzaba a ser risible…

Así y todo, el libro se lee muy rápido, es tremendamente interesante —al menos para quienes leyeron la serie—, y está lleno de sorpresas y suspenso…

Otro detalle sumamente especial con este libro que he olvidado mencionar, ha sido leer una pequeña línea que jamás pensé que volvería a leer. Me refiero a la que encabeza el comienzo de la narración, la que con los sucesivos volúmenes siempre lograba emocionarme:

El Diario (décima parte)




Pues bien, solo queda esperar por la continuación, que por lo que he investigado, todavía no tiene fecha oficial de publicación, aunque me atrevería a decir que tendremos noticias para finales de 2015…


:)



sábado, 7 de junio de 2014

Más cerca que nunca

Hola a tod@s! :)

Luego de un buen tiempo sin publicar una entrada relacionada con las nuevas adquisiciones literarias de este servidor, paso a contarles las últimas novedades en mi colección… :P




En realidad son dos entradas en una, así que como no sé muy bien por dónde comenzar, empezaré por el principio… XD

Hace poco, en un grupo de seguidores de Stephen King en Facebook, estuvimos compartiendo las fotos de nuestras colecciones, y como pasa siempre que esto sucede, al final me picó el bicho de ir a echar un vistazo a las librerías de segunda mano, a pesar de que de un tiempo para acá casi no encuentro nada... Pues bien, me fui a mediodía para el pasaje comercial de librerías que hay en mi ciudad, y cuál sería mi sorpresa al encontrarme, tras cinco meses de “sequía”, este par de joyas!!! 





El primero fue nada menos que La Danza de la Muerte en la edición de Emecé. Es un libro que en cualquier edición es difícil de conseguir, y al ver esta, que estuve buscando por mucho tiempo, no dudé en echarle mano. Como dato curioso, esta edición en especial tuvo un corte adicional al que ya le hubiera hecho King antes de publicar el libro. De modo que, en cierta forma, podríamos hablar de una tercera versión en castellano de The Stand, que se une a Apocalipsis y a "las otras Danzas" (las de las editoriales Pomaire, Círculo y Plaza & Janés)… En suma, toda una joya de colección... :D

Aquí les comparto la foto del tesoro que he reunido. En otras palabras, los “hermanitos”: :)





Y como si eso fuera poco, seguí recorriendo el pasaje como quien no quiere la cosa, cuando me topo con nada más ni nada menos que el cuarto arco de los cómics de La Torre Oscura: La Caída de Gilead!!!! :o
El tema es que en Colombia dejó de publicarse a partir del tercero, por allá en 2010, y a pesar de que los he buscado por cielo y tierra no he podido dar con ellos. Ha querido la suerte que tenga unos amigos grandiosos gracias a esta pasión, y que uno de ellos me haya regalado los arcos 5 y 7. :)

Pues bien, fue toda una sorpresa que me encontrara un cómic de la saga, y que además fuera uno de los que me faltaba!!! El alegrón, como ven, ha sido doble!!!!  :D

Eso fue hace cosa de diez días. Y el pasado jueves, hace un par de días, recibí una sorpresa de las grandes! Que es donde comienza la segunda parte de la entrada…

Procedentes de Argentina, me llegaron este par de tesoros del Maestro del Terror que ahora se unen a mi colección y ocupan un lugar especial en mi biblioteca.





Lo que los hace más especiales es que fueron un regalo invaluable de mi amiga Teresa Sofía Tabernig. Realmente no tengo palabras para expresarle mi agradecimiento. Fue GENIAL cuando llegó el paquete (con el cuál sufrimos un poco de suspenso, pues estuvo a punto de ser devuelto debido a que en la primera ocasión no encontraron a nadie en casa), y al abrirlo... uaaaaauuu!!!  

Como dije anteriormente, en Colombia el último cómic publicado fue Traición, y luego nunca más volvieron... La Batalla de Tull se une a mi colección de cómics, y quedo nada menos que a uno solo de completar los publicados en castellano, que son ocho...

Aquí la foto de la saga gráfica:





Y qué decir de Maleficio...  Fue algo especial porque he visto cómo muchos seguidores del Maestro que hoy son grandes amigos míos empezaron su colección con estos ejemplares publicados por el diario la Nación de Argentina. Algunos incluso se iniciaron con estos ejemplares, y tener uno en mis manos es algo de verdad significativo...

Una vez más, la foto de rigor de los hermanitos:





En fin... Sin palabras... :')

Cada vez más cerca de completar una colección que veía tan difícil, y todo gracias a mis amigos Tulio Fernández y Teresa Tabernig. He aquí el objetivo:





:)



sábado, 31 de mayo de 2014

El Pasaje, de Justin Cronin

«En lo más profundo de la jungla, un científico, al frente de una expedición, descubre una sustancia milagrosa que tal vez permita aumentar la esperanza de vida de la humanidad y acabar con la mayoría de las enfermedades. Al menos, eso es lo que él cree. Se equivoca. Ningún ser humano sale vivo de la expedición. Los que sobreviven ya no son seres humanos.  

En unas instalaciones ultrasecretas del gobierno norteamericano sucede lo impensable: un fallo de seguridad permite que escapen unos monstruosos seres que habían sido objeto de un experimento militar escalofriante. En un período de tiempo increíblemente corto, desatan el caos y la destrucción a su paso.

No muy lejos de allí, Amy, una niña huérfana, de apenas seis años de edad, inicia un viaje lleno de peligros. Amy es una niña muy especial: eso lo saben los virales sedientos de sangre que la persiguen, y también lo saben los que han ordenado al agente del FBI Brad Wolgast que la localice a toda costa.

Pero Wolgast desobedece sus órdenes y, en cambio, decide proteger a Amy. Intuye que en ella está la clave para detener el horror que se ha apoderado del planeta. Mientras la Tierra tal cual la conocemos se acerca a una velocidad terrorífica a su propio fin, Amy y Wolgast inician su peculiar odisea, a través de un mundo transformado por los sueños más oscuros del hombre, esperando ese momento en que ella pueda poner fin a lo que nunca debió haber ocurrido.»

Justin Cronin nació en Nueva Inglaterra, USA, en 1962. Se graduó en la Universidad de Harvard y en la Iowa Writers' Workshop (Programa en Escritura Creativa) de la Universidad de Iowa. Actualmente es profesor de inglés en la Universidad Rice, y vive con su familia en Houston, Texas. Su primera novela, Mary and O’Neil, le valió los premios Hemingway Award y Stephen Crane. Más tarde escribió la elogiada The Summer Guest. Pero no fue hasta junio de 2010, con la publicación de El Pasaje, su tercera novela y primera entrega de una trilogía, cuando el autor se convirtió en uno de los más comentados del momento, debutando en el puesto número 3 de la lista de best-sellers del New York Times.

Justin Cronin
Y realmente da la impresión de que este autor hubiera salido a escena de la noche a la mañana. Todavía recuerdo cómo, hace unos dos o tres años, de repente todo el mundo hablaba de una novela de más de mil páginas titulada El Pasaje y de su autor, Justin Cronin, un escritor al que el propio Stephen King elogiaba y recomendaba cada vez que podía. «Lee este libro y el mundo cotidiano desaparecerá», así definió la novela el autor de Maine, y muchos amigos, como buenos seguidores del Maestro del Terror, no tardaron en adentrarse en sus páginas.

Desde entonces me pareció curioso que absolutamente todo el mundo hablara bien de la novela. Realmente sorprendía la forma en que la reputación de este libro lo precedía. Aun así, fue mucho lo que tardé en darle la oportunidad. Apenas este año, por allá a finales de enero, decidí lanzarme en pos de las 1.020 páginas que lo integran. Recuerdo haber pensado que esperaba terminarlo antes de que me resultara algún trabajo, pues por esos días estaba desempleado. Pues bien, me zambullí, y el libro me atrapó de una manera soberbia. En ese punto llegué a pensar varias veces que la historia no solo estaba a la altura de su reputación, sino que además la superaba.

La novela, que, como dice la sinopsis, nos presenta un escenario apocalíptico en que un virus salido de control arrasa con casi toda la humanidad a su paso, comienza con un capitulo de nada menos que 300 páginas que hace gala de una acción trepidante y un suspenso constante que logra que te pegues a sus páginas sin querer soltarlo. No hay duda de que es uno de los comienzos más contundentes que he leído en mi vida. Pensaba que si el libro seguía a ese ritmo, terminaría devorándomelo en una semana. Esas primeras 300 páginas que componen el primer capítulo se me fueron en dos días. Todo es muy cinematográfico, la historia te absorbe y el destino de los personajes, todos muy bien dibujados, te mantiene en vilo. Por alguna razón, este tipo de historias en que la humanidad pende de un hilo parece llamarnos especialmente la atención.

Pero entonces, pasadas las 350, sucede lo que todo aquél que leyó la novela ya conoce: de repente, entre un capítulo y otro, la novela da un salto gigantesco, tanto en tiempo como en argumento, y eso, sumado a que por esos días conseguí el trabajo que había estado esperando por mes y medio, hizo que el libro se me estancara y terminara tardando más de tres meses en finalizarlo. :/

No sé si yo sea una de pocas excepciones, pero de verdad me costó mucho engancharme otra vez. Los nuevos personajes y el nuevo escenario no me hechizaron como su predecesor, y fue mucho lo que tardé en sentirme identificado y en cogerles cariño a los protagonistas. Aun así, poco a poco lo seguí leyendo, y aunque lo hice de manera muy lenta, recién en la página 700 la historia alzó el vuelo nuevamente, le hizo honor a su comienzo y a lo que desde antes de leerlo prometía, y comencé a acelerar el ritmo.

Los virales, como denomina el autor a esas criaturas nacidas del fallido experimento, realmente provocan escalofrío. Me recordaron a las criaturas de la última adaptación cinematográfica de Soy Leyenda, la novela de Richard Matheson, aunque las de Cronin posean una inteligencia mucho más perturbadora.

Por otra parte, Amy, la verdadera protagonista de la historia, sin duda hechiza al lector. Todo en ella destila magia, y aunque por momentos parezca que pasa desapercibida, cada aparición suya genera interés y no pocas escenas memorables. Y cuando el listado grande de personajes comienza a depurarse poco a poco, a decir verdad quedan unos a los que les coges cariño, cada uno con sus características bien delineadas por al autor, y que terminan generando su propio interés.

Al final, como dije, la historia levanta vuelo, y la recta final te vuelve a pegar de las páginas en espera de saber cómo terminará todo, y regalándote muchos giros y sorpresas. El final me ha dejado un gran sabor de boca, y muchas expectativas acerca de lo que pueda acontecer en la ya publicada segunda novela: Los Doce.

«Cada tanto aparece una novela que ofrece una historia fascinante y entretenida con una prosa sencilla y ágil, fundamentada en una imaginación extraordinaria. Este año, los lectores de esas novelas podrán disfrutar de El Pasaje, de Justin Cronin. Si lees quince páginas, quedarás cautivado; si lees treinta, caerás prisionero y ya no podrás parar de leer hasta altas horas de la madrugada. Tiene la nitidez que sólo pueden lograr las obras épicas de la fantasía y la imaginación. ¿Qué más puedo decir? Lo siguiente: lee este libro y el mundo cotidiano desaparecerá.»

Las palabras de Stephen King llevan razón. Realmente se trata de una novela inmensa, magistralmente estructurada y que deja muchas puertas abiertas y muchas incógnitas para su continuación. Me deja, no obstante, ese pequeño sabor agridulce de haber tardado tanto, y de haberme estancado en su parte central. Me pregunto si un cambio menos abrupto podría haberla favorecido más, no obstante lo cual la recomiendo fervientemente a todo aquél que le guste este tipo de novelas… y a los que no. ;)


PD: Los derechos cinematográficos ya están en poder de Ridley Scott (Blade Runner; Alien, el octavo pasajero; Gladiador). Habrá que estar pendiente. 



sábado, 24 de mayo de 2014

RETROSPECTIVA


RETROSPECTIVA

Escrito por George Valencia y Pako Becerril


 


Viéndolo en retrospectiva, puedo afirmar sin temor a equivocarme que la muerte de Gonzo marcó, más que cualquier otra cosa, el final de nuestra infancia. Aunque desde luego nosotros no lo supimos en ese momento. Ni siquiera cuando fuimos a observar su cuerpo muerto en la sala de velación.
Parecía dormido. Enfermo y dormido.
No recuerdo claramente con quién fui, o si alguno más de mis amigos lo vio. Lo que sí recuerdo, además de la noche en que lo asesinaron, fue observar su rostro a través de la vidriera del ataúd con una mezcla de sentimientos atiborrándose en mi estómago. Eso, y estar al día siguiente sentado con Chepe en la acera ubicada frente a la puerta de mi casa, sin saber qué decirle, cómo expresarle mi pena por la muerte de su hermano, si es que realmente debía decirle algo. Me sentía muy incómodo, y creo que me sentí peor cuando me di cuenta de que eso era una despedida: Chepe y su familia se mudaban de casa. Después de lo sucedido, no era de extrañar. Perder a un hijo o a un hermano debe de ser algo muy doloroso, y hacerlo de esa manera, terriblemente desgarrador.
Yo no había tenido tal cercanía con la muerte. Mi abuela había fallecido años antes, pero yo solo era un pequeño de ocho años que no entendía muy bien qué sucedía. Ahora tenía trece, y era un poco más consciente de las cosas, o al menos comenzaba a serlo. Cuando tienes trece años crees que eres casi intocable, que nada malo te va a suceder. Las cosas malas le suceden a la gente todos los días, pero nunca a ti ni a ninguno de tus seres queridos. Y entonces sucede algo como lo de Gonzo, y toda tu perspectiva cambia en un abrir y cerrar de ojos.
Sí, cuando tienes trece años nada te pasa a ti, pero cuando tienes treinta y ocho cualquier cosa puede ocurrir.


De niño soñaba con una gran casa. Un auto último modelo, un magnífico empleo y una maravillosa familia.
Ahora tenía un departamento de cuarta y un viejo Mercury del noventa, y mi empleo, aunque gozara de un buen sueldo, no era realmente lo que habría podido esperar. Pero sí tenía una familia hermosa, y eso para mí era suficiente.
Al cumplir la mayoría de edad me enlisté en el cuerpo de policías. Supongo que una parte de mí, alojada en el fondo de mi subconsciente, pensaba que si elegía ese camino algún día tendría la oportunidad de hacer justicia. ¿Qué clase de justicia? No lo sabía. Gonzo había muerto por el simple hecho de estar con las personas equivocadas en el momento y lugar equivocados. Quien se había llevado su vida venía en busca de otra persona e, irónicamente, solo Gonzo, el más honesto y recto del grupo, había pagado caro. Los demás solo habían sufrido heridas leves provocadas por la fuerte detonación de la escopeta, que con solo un disparo había repartido esquirlas como un macabro abanico.
Años más tarde, al morir mis padres, decidí mudarme de ciudad y dejar atrás el lugar que me vio crecer, y con ello todos esos recuerdos de mi infancia. O al menos eso era lo que creía hasta el fin de semana pasado.


Todos los días, al terminar las clases y antes de ir a nuestras casas,  solíamos pasarnos por la tienda del viejo Samuel a jugar «Metegol». Era un viejo gruñón que le molestaba que hiciéramos desorden en su tienda. Odiaba el bullicio y no pocas veces nos amenazaba con echarnos a su viejo rottweiler si osábamos robarnos algo, pero su juego de «Metegol» era el único que funcionaba en veinte cuadras a la redonda, así que aguantábamos sus gritos con estoicismo.
Una tarde, poco antes de terminar el curso y unas seis semanas después de la muerte de Gonzo, una fuerte tormenta impidió nuestra sagrada cita con  el juego mecánico, y nos fuimos directo a nuestro hogar. Nada más el timbre de la escuela sonó, todos salimos corriendo en direcciones opuestas amparados por bolsas de plástico, periódicos o nuestras propias mochilas. Una vez hubo amainado el aguacero, decidimos acercarnos a la tienda a gastar las pocas monedas que habíamos podido birlar de la fuente del parque. Pero al llegar a la tienda una patrulla y una franja amarilla cubrían el lugar.
Había un cuerpo tendido cubierto por una manta. Era el viejo Samuel. Dijeron que había sido asesinado por un hombre al intentar evitar que lo robara. Nosotros realmente no comprendíamos la gravedad de la situación, pero más tarde comenzaron a correr rumores de que se había tratado de una retaliación por la muerte de Gonzo. A decir verdad, no lográbamos imaginar qué relación podía tener la muerte del hermano de mi mejor amigo con un tipo que no salía de su tienda y cuya idea de diversión era ir todos los sábados en la noche a ver peleas de gallos en la zona norte de la ciudad. Pero mi abuela solía decir que cuando el río suena, piedras lleva, y la idea de dos muertes en menos de dos meses se nos antojaba algo perturbadora.


No hay hombre más ciego que el que no quiere ver. Eso no lo decía mi abuela; lo aprendí con los años, y este fin de semana me di cuenta de su real significado.
Casualmente, el viernes recibí una carta del cuerpo de policías en que se me informaba, con la exagerada parquedad que los caracteriza, que había sido ascendido, y que parte de la labor que me esperaba guardaba relación con la ciudad que me vio crecer. Supongo que saber esto debería haberme traído a la mente multitud de recuerdos. Y viéndolo en retrospectiva, supongo también que, de haber sido así, una cosa habría llevado a la otra y una serie de relaciones entre lo que había sucedido hacía veinticinco años y lo que podría pasar si algunas cosas seguían como estaban, me habría puesto en guardia. Pero con el paso de los años había echado una losa de olvido sobre mi pasado, sobre mi infancia y los hechos que marcaron el fin de esta. Fui ciego, ahora me doy cuenta. Y lo más triste es que solo abrí los ojos cuando recibí la llamada el sábado en la noche.
Cuando ya era demasiado tarde.


A la edad de trece años crees que eres intocable, que las cosas malas le suceden a la gente todos los días, pero nunca a ti ni a ninguno de tus seres queridos. Cuando tienes treinta y ocho ha sido mucho más lo que has vivido, tienes una perspectiva adulta de las cosas y te andas con más cuidado. Pero de alguna manera esa premisa básica aplica también hasta cierto punto: las cosas malas le suceden a todo el mundo, pero a ti también te pueden tocar en cualquier instante. El problema radica en el enfoque de la probabilidad. De chico sencillamente no te lo crees; al crecer, lo crees pero te lo niegas descaradamente.


—Lo siento mucho, Fercho —dijo la voz de mi jefe al otro lado de la línea, y supe de inmediato lo que había pasado. La posibilidad que había estado negándome a mí mismo durante los últimos meses se había hecho una realidad, y junto con el dolor punzante llegó también la comprensión de que gran parte de la culpa recaía en mi ceguera.
Mi maldita ceguera.
—Juanca recibió varias heridas de bala, Fercho, pero solo una fue la causante de su muerte. Perforó su artería aorta. Murió casi en el acto. Los otros chicos están levemente heridos. Juanca se llevó la peor parte.  
Me sorprendió la forma en que me lo decía, como si me estuviera pasando informe de la muerte de cualquier otro cuando en realidad se trataba de mi hijo de dieciocho años. Una parte de mí pensó en David, mi pequeño de trece, y en mi esposa, dormida en el piso de arriba. Pero esa parte se hallaba aletargada, distante. Ahora solo tenía cabeza para Juan Carlos.
Por un momento pensé en sus amigos, una partida de vagos a los que Juan Carlos les guardaba un especial y extraño aprecio. Pensé en Walter, a quien había descubierto por casualidad con un expendedor de droga de la zona. Hasta pensé en el expendedor, en medio de la divagación de mi mente, a quien había visto en la morgue poco después, asesinado con una treintena de puñaladas.
Eran pensamientos inoportunos en un momento tan doloroso como ese, pero mi mente se hallaba adormecida, como si el tremendo golpe la hubiese dejado incapacitada.
—¿Fercho? —escuché que decía el capitán Pineda—. ¿Sigues ahí?
—Sí… Sí, señor… Yo… Voy para allá.
—Aunque cualquier palabra que diga en este momento resulte hueca y vacía, sepa que lo siento mucho, Fercho. De verdad.
—Lo sé —dije—. Gracias.
Y colgué.


Estaba claro. Tanto como el agua.
Y lo peor es que lo había sabido. Sospeché lo que podía pasar, y no hice nada. El colmo de la ironía viniendo de un policía.
Alguien había ido en busca de Walter. Si antes tenía dudas, el asesinato del expendedor de droga debería haberlas despejado. Todo se sucedía como un juego de fichas de dominó. Alguien iba en busca de un traficante de drogas, tal vez como parte de una guerra entre pandillas. De ahí había solo un paso hasta el distribuidor. Y luego Walter, un tipo prepotente y chocante a quien aborrecí desde un primer momento.
Solo que en lugar de Walter quien había caído era mi hijo.
Mi primogénito.
Tal como había sucedido veinticinco años antes con Gonzo, el hermano de mi mejor amigo. Muerto por el simple hecho de estar con las personas equivocadas en el momento y lugar equivocados.


¿Puede uno experimentar un déjà vu por cuenta ajena?
El lunes en la tarde, después del funeral, vino un amigo de David a ofrecerle sus condolencias. Me pareció curioso que no lo hiciera entrar, y que en lugar de eso se quedaran fuera en el camino de entrada. En realidad yo no lo vi llegar; me di cuenta casualmente al ver la puerta delantera abierta. Pensé que alguien se había olvidado, pero cuando fui a cerrarla reparé en la presencia de ambos en el exterior, y sin pensarlo siquiera me descubrí escuchando a hurtadillas la conversación.
Hablaban de temas intrascendentes, con tensos silencios entre un tema y otro, y de pronto me sentí transportado hasta una mañana de hacía veinticinco años, con Chepe y yo sentados en la acera, despidiéndonos en medio de unos intervalos de silencio similares.
Fue una sensación extraña, pero en cierta forma redondeaba todo lo que había experimentado en las últimas horas.
Y también me dio la pauta de lo que debía hacer a continuación.


Mañana domingo los de la mudanza vienen por las últimas cosas. Más que todo se trata de enseres viejos que hemos ido acumulando a lo largo de los años en una pequeña habitación del segundo piso.
Mi esposa estuvo de acuerdo desde un comienzo, y David, sorprendentemente, mostró un inesperado desapego hacia su colegio y sus amigos del barrio. Entre jueves y viernes empacamos todo, y hoy sábado estuvimos llevando todo a la nueva casa, a las afueras de la ciudad. Ahora que Juan Carlos no está, parece la decisión más sana, y todos, dentro de nuestro dolor latente, parecemos movernos en esa dirección con una especie de acuerdo silencioso.
Ausentarme un par de horas anoche no fue problema. Todos estábamos agotados, y David y Laura se acostaron temprano.
Encontré a Walter en un callejón de la parte alta del barrio consumiendo vicio. Estaba solo. El silenciador hizo el resto.
Siento que era lo más justo, y experimenté un inmenso descanso al hacerlo, pero sigo pensando que el verdadero culpable soy yo.

Viéndolo en retrospectiva, siento que mi vida describió un grotesco círculo. Solo espero que esta vez haya quedado cerrado.




viernes, 28 de febrero de 2014

La Torre Oscura I: El Pistolero, de Stephen King

«El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él.» Estas palabras las escribió Stephen King en 1970, cinco años antes de la publicación de su primera novela, y con ellas abrió la puerta a un nuevo mundo que muchos lectores todavía no conocen bien. De esta forma se inició una fantasía épica en siete tomos, La Torre Oscura, que ya se ha convertido en un clásico del género. Stephen King tardó treinta y tres años en terminar el ciclo. Ahora, por primera vez en castellano, ofrecemos la versión revisada de este primer volumen, enriquecido con las ilustraciones de Michael Whelan para una edición limitada que publicó Donald M. Grant en 1982, junto con una nueva introducción y un prólogo del autor.

En un mundo extrañamente parecido al nuestro Roland Deschain de Gilead persigue a su enemigo, el hombre de negro. Roland, solitario, quizá maldito, anda sin descanso a través de un paisaje triste y abandonado. Conoce a Jake, un chico de Nueva York pero de otro tiempo, y ambos unen sus destinos. Ante ellos están las montañas. Y mucho más allá, la Torre Oscura…”

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que leí esa primera línea con que comienza la saga.

Me hallaba entre dos estanterías de la Biblioteca Comfama de la ciudad de Medellín. Corría el año 2002 y, a esa altura, llevaba cuatro libros del Maestro del Terror en mi haber. Por ese entonces ya era un ratón de biblioteca y, más aún, ya era fan declarado de Stephen King y tenía pensando leerme todo lo que se me atravesara. Solía pasarme por dicha biblioteca en busca de nuevos ejemplares —la mayoría de su obra mantenía prestada, de modo que había que estar yendo con frecuencia—, y cuando vi el primer volumen de la saga no dudé en echarle mano y hacer lo primero que hace uno cuando va a prestar un libro: abrirlo y leer la primera línea y/o el primer párrafo.

Entonces leí lo siguiente:

“El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él”.

De inmediato esa frase encendió una luz en mi cerebro y como en un torbellino rondaron montones de posibilidades. ¿Qué desierto era ese? ¿Quién era el hombre de negro? ¿Qué clase de pistolero era el que iba en pos de esa búsqueda? ¿Por qué iba tras el oscuro sujeto?

Me llevé el libro a casa y, hechizado, lo leí en un par de días.

Descubrí que el pistolero era Roland Deschain, de la ciudad de Gilead, último de una antigua estirpe de pistoleros. El desierto era el desierto de Mohaine, a través del cual Roland llevaba persiguiendo al hombre de negro por un tiempo del que ni él mismo estaba seguro. El hombre de negro hacía parte del pasado del pistolero, y tenían una deuda que saldar. Pero ¿qué relación había realmente entre ambos?

Eso estaba por verse…

A primera vista todo lucía como una historia del Viejo Oeste, pero muy pronto descubrí algo de vital importancia para entender a ciencia cierta la saga: el mundo se había movido. Era un mundo directamente conectado con el nuestro, pero por alguna razón todo era un poco diferente. Había chozas y tabernas, diligencias y caballos, castillos y grandes señores —al menos hasta que Roland era aún un adolescente—, pero pinceladas de tecnología muerta aparecían aquí y allá, un tanto ominosas, sembrando la duda de en qué mundo se movía realmente el pistolero…

Había flashbacks, idas y vueltas, atisbos de la juventud de Roland y del comienzo de su búsqueda, había dudas que parecían no ser resueltas, pero en el lejano horizonte de la historia algo se levantaba sin ambages ni rodeos: la Torre Oscura, a la que Roland esperaba llegar algún día, aunque se le fuera la vida en ello…

En realidad ese primer volumen, titulado por aquél entonces La Hierba del Diablo, generaba más preguntas que respuestas, y en honor a la verdad no era el libro más entretenido de Stephen King que había leído, pero tenía una magia especial, un encanto que no sabría muy bien cómo describir. Dicen por ahí con respecto a la saga que “el primero intriga, y el segundo engancha”. Y es verdad. El primer volumen es tan solo un preámbulo de lo que viene después.

Por cosas del destino, con el pasar de los años terminé leyendo ese volumen en tres ocasiones, pero solo hasta ahora, después de casi nueve años de haberlo leído por última vez, he tenido la oportunidad de leer finalmente la versión revisada y ampliada, El Pistolero, que Stephen King publicó en 2003 como antesala de los últimos tres libros que cierran la serie.

Era una deuda pendiente, y confieso que tenía muchas expectativas. Lo único que sabía de los cambios era lo que había leído en los números 77 y 78 de la Revista Insomnia, en los cuales se hace un exhaustivo estudio de todo lo nuevo que trajera en su momento la nueva edición.

Pues bien, a pesar de ser ya la cuarta vez, debo decir que lo he disfrutado mucho. Más aún puesto que ha sido una nueva lectura conjunta con mi amada Sadie, quien ahora se inicia en la saga. :) He notado muchos de los cambios y la verdad es que, habiendo leído ya la saga un par de veces, puedo decir que ahora muchas cosas encajan mejor. Es, como dice el propio Stephen King, como si hubiera “enderezado los cuadros, pasado la aspiradora y fregado los retretes”, haciendo que todo luzca un poco más “organizado”, más coherente con los volúmenes posteriores. Sin embargo, puedo decir, contrario a lo que muchos piensan, que La Hierba del Diablo no está muy por debajo y que perfectamente se puede uno iniciar en la saga con la versión original.

Sea como fuere, esta saga tiene algo especial, y el lector que se adentre en sus páginas se verá atrapado, si no en el primer libro, con toda seguridad en el segundo. Nada más esa primera frase hace que uno quiera seguir leyendo y descubrir todo lo que se esconde tras el enigmático pistolero, tras la naturaleza de su búsqueda y lo que hay en esa ominosa Torre Oscura.

Esta edición revisada y ampliada cuenta con una nueva Introducción titulada “Sobre tener diecinueve (y algunas cosas más)”, en la cual Stephen King expone los motivos que lo llevaron a escribir una historia tan ambiciosa a tan temprana edad, y un Prólogo en el que enumera las razones que tuvo para retomar el primer libro y sacar a la luz una versión revisada del mismo. Como siempre, hasta estos textos son también amenos. Por el contrario, el Epílogo original ha desaparecido. Supongo que ahora, con la saga terminada, resulta innecesario.

Las ilustraciones, por cierto, sencillamente impresionantes. 




Largos días y placenteras noches…


;)


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