martes, 31 de marzo de 2015

EL CAPITÁN KAUFFMAN



EL CAPITÁN KAUFFMAN

Por George Valencia



  
Hoy lo vi de nuevo.
Estoy seguro de que esta vez me habría impresionado profundamente desde un primer instante de no haberlo visto ya antes en otro par de ocasiones. Y aun así, aunque ya hubiese presenciado antes la visión de su cabeza cercenada, su cuello terminando en un muñón sanguinolento allí donde el hacha había realizado su trabajo de forma tan deficiente, su uniforme deshecho en harapos con la cruz de plata ya deslucida… aun así, repito, no pude evitar que un terrible desasosiego me embargara cuando lo vi atravesando el campo donde solía estar su casa en aquellos años de incertidumbre que precedieron a la guerra.
Conocía al hombre de vista incluso antes del periodo que pasamos en el ejército. Mi padre era un vendedor ambulante de Kitzen y puesto que yo solía acompañarle en sus correrías cuando no tenía clase en la escuela, con el tiempo fui conociendo a sus clientes casi tan bien como él, además de a los hijos y las esposas de estos. La casa del que más tarde sería capitán de la División 23, a la que yo fui asignado en Leipzig cuando comenzó la guerra, se hallaba en lo alto de una colina, coronando un campo de cultivo que había pertenecido a su abuelo y al que su padre había condenado al abandono a medida que la agricultura dejaba de ser rentable. Era una casa grande de madera, con chapiteles de estilo gótico y una cerca de hierro que se extendía desde su parte trasera a lo largo de toda la linde del campo, como unos gigantescos brazos metálicos abrazando el terreno de su propiedad.
La gente del pueblo le tenía cierta aversión, pero mi padre me había enseñado desde pequeño a hacer oídos sordos a las supersticiones y las creencias infundadas. Aseguraba, con ese optimismo jovial que siempre causaba una agradable impresión en la gente, que nosotros éramos hombres de mundo, y que los hombres de mundo no creían en tonterías.
Ahora, mientras el cielo comienza a clarear en el este sin que yo haya podido pegar ojo en toda la noche, me pregunto qué pensaría mi padre si hubiese sido testigo de esa cosa trastabillante, sucia y cubierta de sangre, atravesando el campo como si finalmente supiese su destino. Y le llamo «cosa» porque nada que se desplace a la una de la mañana, sin cabeza, despidiendo un hedor insoportable que se percibe a decenas de metros de distancia, puede ser llamado «persona». Me pregunto si mi padre consideraría a semejante visión como una simple superstición andante. Él, que no creía en leyendas, fantasmas, agüeros o maldiciones.
Aunque ya hubiese visto antes al capitán Kauffman deambulando por caminos secundarios a altas horas de la madrugada, seguía tratando de convencerme a mí mismo de que solo se había tratado del producto de mi mente cansada y somnolienta, de que esa silueta sin cabeza que se arrastraba perdida en medio de la oscuridad era solo una mala pasada de mi mente exhausta.
Pero hoy… Hoy fue diferente.
El capitán se hallaba en el campo donde antaño se encontraba su casa, avanzando de manera irregular a través de zanjas y matorrales. Su paso era lento y torpe, pero esta vez lucía una determinación que me heló la sangre. A pesar de su torpeza, esta vez no era solo un deambular sin rumbo. Maldita sea, ¡esa cosa sabía a donde se dirigía!
¡Estaba buscando su casa!
De cuando en cuando se detenía e inclinaba su torso. Se volvía a un lado y a otro, y aunque suene por completo descabellado, podría jurar por lo más sagrado que esa cosa profana estaba husmeando a su alrededor. Por momentos me daba la impresión de que estaba escuchando con atención, como si buscara orientarse de alguna manera que no alcanzo a comprender.
Y entonces proseguía su camino.
Por el amor de Dios, ¡el hijo de perra estaba muerto!
Un año antes del fin de la guerra el capitán Kauffman había sido apresado por un grupo de rebeldes polacos. Fue encerrado y torturado durante varias semanas, hasta que finalmente fue decapitado con un hacha roma y oxidada. Fueron necesarios cuatro intentos para conseguirlo, o al menos eso era lo que se rumoreaba entre los soldados tras encontrar su cuerpo en un arroyo a las afueras de Borsdorf, a un par de cientos de kilómetros del límite de Leipzig.
A esa altura su casa había sido reducida a cenizas. Gran parte de Kitzen, de hecho, había corrido la misma suerte, pero la zona en que se hallaba el campo propiedad de su padre había llevado la peor parte durante los ataques. De su familia no había noticias. Tal vez habían desaparecido junto con la casa, o quizá habían huido en medio de la noche antes de que comenzaran las explosiones. Sea como fuere, nunca se supo de su paradero, y el cuerpo del capitán fue enterrado junto con otras decenas de víctimas de la guerra sin mayores ceremonias, muy lejos del lugar que lo había visto nacer.
Más tarde vino el olvido, que, como decía mi padre, es la verdadera muerte, y finalmente el silencio.
El campo se llenó de hierbas malas, las cercas metálicas fueron invadidas por las enredaderas y el espacio negruzco lleno de tablones y vigas calcinadas donde alguna vez estuvo su casa, y que ahora lucía como un muñón carbonizado, comenzó a ser evitado por vecinos y forasteros.
Y fue entonces cuando regresó.
Una forma sin cabeza deambulando por el pueblo en medio de la madrugada como un viajero perdido que no lograra encontrar la dirección. Primero lo vi en un camino secundario a las afueras. El uniforme, acorde al rango que ocupara en vida en el ejército, era inconfundible. Una semana después, a eso de las dos de la mañana, lo vi a lo lejos en una explanada ubicada en la parte norte del cementerio municipal, donde se hallan enterrados tanto mis abuelos como los suyos. En dicha ocasión tuve más tiempo para observarlo con detenimiento, y por un momento hasta llegué a pensar que estaba buscando alguna tumba, presentimiento que me congeló el corazón. Entonces noté que lo que hacía realmente era dar vueltas en círculos, como si hubiese alguna interferencia que le impedía encontrar la salida. Pensé en acercarme y averiguar de qué se trataba, pero mi parte racional se impuso y no tardé en darle la espalda a ese horror andante al cual no terminaba de dar crédito para dirigirme con paso presuroso hacia mi casa.
Pero hoy… Hoy fue diferente.
Y en mi calidad de médico, acostumbrado como estoy a las imprevistas llamadas de medianoche que me llevan a recorrer caminos oscuros y solitarios, y a presenciar escenas que harían que el más valiente moje sus pantalones, puedo decir sin temor a equivocarme que lo que presencié fue real. Su postura, su forma de volverse hacia los lados como si percibiese algo, ese husmear de su cuerpo ensangrentado, como si a falta de su cabeza el resto de sus extremidades hubiese desarrollado otros sentidos ajenos a cualquier mortal, tomando consciencia de sí mismo y del lugar en que estaba.
Pero lo peor, lo que representó la culminación final del horror que me había embargado, fue darme cuenta de que el capitán Kauffman había notado mi presencia.
A pesar de que me encontraba a una distancia prudencial, cuando quise acercarme un poco más para tener una mejor posición, pisé sin querer una rama seca que se quebró con un sonido que hendió la noche como un estruendo. En ese instante pude distinguir cómo esa cosa se volvía hacia mí, sus músculos putrefactos produciendo un sonido acuoso y antinatural, y fue como si clavara en mí sus ojos vacíos, aspirando el aroma de mi miedo con sus fosas nasales inexistentes, escuchando mi respiración agitada con unos oídos que hacía tiempo eran pasto de los gusanos.
Estiró una mano hacia mí, señalándome. Era una noche sin luna, pero a la tenue luz de las estrellas pude ver con demencial nitidez sus amarillentas uñas llenas de tierra negra.
Fueron segundos eternos de conmoción, que se vio incrementada cuando escuché la gutural pero inconfundible voz en mi cabeza.
—«Venga acá, cabo Breuer…»
Una corriente fría recorrió mi cuerpo, atenazando mis músculos y acelerando mi corazón hasta el límite.
—«Venga acá…» —repitió el capitán—. «Es una orden…»
Luego huí. Huí sin mirar atrás.
No tengo noción del tiempo que ha transcurrido. Solo sé que, aunque el sol está pronto a salir, esta noche parece haber durado mil años. En algún momento, presa de un impulso inesperado, decidí poner por escrito lo que vi, y cada una de estas líneas que tal vez nadie llegue a leer me ha costado horrores, porque con cada una de ellas siento el eco de esa voz de ultratumba resonando en mi cabeza, como una cacofonía maldita que se niega a desaparecer.
¿Es posible perder la cabeza en cuestión de unas cuantas horas?
He perdido la cuenta de las veces que me lo he preguntado a lo largo de esta noche eterna. Y es que, a fin de cuentas, ¿qué es exactamente la cordura? Tal vez alguien con más conocimientos que yo pueda dar una explicación racionalmente académica, con bases bien fundamentadas y un criterio sólido y creíble. Pero cuando una voz que no es de este mundo habla en tu mente, llamándote por tu nombre, mientras una mano corrupta te señala con un dedo que ha sido consumido por la putrefacción, esa misma cordura se presenta como una criatura vulnerable que camina por la cuerda floja en riesgo permanente de perder el equilibrio y precipitarse en el abismo de la locura.
Un abismo del que no existe regreso.
¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de maniáticos que recuperaron la cordura? ¿Cuántos locos desquiciados han logrado salir del sanatorio para volver a sus vidas corrientes y racionales?
Si los ha habido, yo no conozco el primero.
No… Por supuesto que no… La tierra de la locura no posee caminos de regreso. La ruta que conduce a ella va en una sola dirección.
Lo sé. Claro que lo sé. Estoy tan seguro de ello como del sonido que escucho ahora mismo proveniente de la puerta trasera, la que comunica con la cocina, la misma en que se halla la mesa ante la cual me encuentro sentado escribiendo estas palabras que cada vez se parecen más a garabatos incomprensibles. Es un sonido inconfundible. Es el sonido que producen las uñas al arañar la madera. Es el sonido de la muerte llamando a tu puerta. Porque la muerte no golpea, ¿sabes? La muerte araña. Y es un sonido que parece estar también dentro de tu cabeza, en las paredes internas del cerebro, como si fuese allí adonde realmente quisiese entrar.
Aún conservo mi arma de dotación de la época en que presté mis servicios al ejército. Es una Luger, y hace un rato la saqué del lugar en que permaneció guardada por años. La desarmé, limpié y aceité sin saber exactamente por qué lo hacía.
Ahora lo sé.
Es mi salvoconducto a la cordura.
Es mi boleto de permanencia en la tierra de la racionalidad.
Porque esa cosa que llama ahora a mi puerta es la locura personificada. Porque ¿de qué otra manera puede ser llamada la muerte cuando decide volver del más allá, sean cuales sean los motivos, blasfemando con su presencia contra las leyes de la naturaleza? ¿Cómo más puede ser denominada esa cosa sin vida que deambula al amparo de la oscuridad, esa forma decapitada que aún conserva las medallas pegadas en la pechera de su uniforme? ¿De qué otra manera se le puede denominar?
Locura.
Eso es.
Locura…
Allí está… Ha conseguido abrir la puerta y ahora se halla frente a mí. Su hedor es tan penetrante que apenas puedo razonar o juntar dos ideas coherentes. El muñón informe en que termina su cuello expele a ratos pequeños borbotones de sangre negra y hedionda, y a pesar de ello siento su mirada sobre mí, casi puedo ver sus ojos inyectados en sangre observándome fijamente, exigiendo la obediencia que inspiraban en vida con una irrefutabilidad acrecentada por la muerte.
Ha venido por mí.
Lo veo en sus ojos inexistentes.
Aceptar su llamado es aceptar la locura. Es dar el primer paso hacia esa tierra del no retorno.
Ya es suficiente.
No me tendrá.
No obtendrá mi obediencia.
No es el camino que quiero elegir, aunque mis actos hayan conllevado directa o indirectamente a su detención, tortura y posterior asesinato.
La cosa da un paso en mi dirección, estirando una vez más su mano de uñas resquebrajadas por la putrefacción. Sus movimientos se ven acompañados por ese sonido indefinible que me pone la carne de gallina.
Es el ruido de la descomposición.
—«Breuer» —escucho en mi cabeza, y mi mano derecha, que sigue aferrada al lápiz, escribiendo frenéticamente en una especie de trance, parece recibir la orden de mi cerebro como un ramalazo de energía.
Es el fin…
Observo la Luger…
Es eso, mi cordura incluso más allá de la muerte, o la locura que permanece ante mí en muda expectación.
Para mí solo hay una elección…
Casi puedo sentir desde ya el sabor ferroso del arma en mi boca…
Es ahora o nunca…
Debo soltar el lápiz…
Coger la Luger…
Y…




martes, 30 de diciembre de 2014

Mr. Mercedes, de Stephen King

“Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de parados esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche.

De pronto, invisible hasta que lo tienen prácticamente encima, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a todos los que encuentra a su alcance. Acto seguido, el coche da marcha atrás y vuelve a arremeter contra ellos. El asesino huye dejando atrás ocho muertos y quince heridos.

Meses después, Bill Hodges, un policía jubilado, que sigue obsesionado con este caso sin resolver, recibe una carta anónima de alguien que se declara culpable de la masacre.

Brady Hartsfield vive con su madre alcohólica en la casa donde nació. Disfrutó tanto de aquella sensación de muerte debajo de los neumáticos del Mercedes, que ahora quiere recuperarla…”

El viernes pasado terminé Mr. Mercedes, la última novela de Stephen King publicada en castellano, que afortunadamente (como viene sucediendo con las últimas publicaciones del Maestro) llegó bastante rápido a Colombia. No sobra extender desde este blog el agradecimiento a la editorial por la buena gestión, puesto que, por poner un ejemplo, con libros como Duma Key y Después del Anochecer llegó a tardar hasta años en traerlos después de que fueron publicados en España. Atrás quedan también las amargas y eternas esperas de libros como La Cúpula, digo gracias… y toco madera. ;)




Aunque en el historial de la obra del Maestro del Terror había títulos como Colorado Kid, y algún otro relato anterior de la misma temática, Mr. Mercedes llegó siendo anunciada con bombos y platillos como la primera incursión de Stephen King en el género policíaco. Tal vez no sea del todo cierto teniendo en cuenta lo anterior, pero no cabe duda de que se trata de la primera vez en que el autor de Maine se toma “en serio” el tema, dejando lo sobrenatural a un lado y profundizando más en este género de la literatura popular. Tanto es así que desde ya se nos ha anunciado que la historia del inspector William Hodges y el psicópata Brady Hartsfield será una trilogía.




La historia comienza con una escena macabra: es de madrugada y cientos de personas esperan a las afueras del Centro Cívico de la ciudad a que comience la feria de empleo, un evento en el que esperan poner fin a su difícil situación laboral. De pronto, entre la niebla, aparece un Mercedes gris que, sin mayores preámbulos, arrolla a la multitud, dejando un saldo de ocho muertos y quince heridos. El auto desaparece en la noche y la policía, tras una ardua investigación, no logra resolver el caso.

Acto seguido, en el siguiente capítulo, damos un salto de un año. William Hodges, inspector retirado, pasa las tardes en su casa, solo, viendo la televisión mientras toquetea su arma. No es fácil aceptar el hecho de su jubilación. Su vida ha perdido sentido, la solitaria rutina lo agobia, y no son pocas las veces en que ha saboreado el frío cañón de su arma. Es entonces cuando recibe una carta anónima de alguien que se atribuye la autoría de la tragedia del Centro Cívico, un caso sin resolver que sigue atormentando al inspector.

A partir de este momento, el afán por atar ese cabo suelto en su vida le da nuevos bríos y sentido a su existencia, aunque deba lidiar con el dilema de si contarle a la policía sus descubrimientos o tratar de resolver el caso por su propia cuenta, aunque ello vaya en contra de la ley.

Más tarde llegará el turno de conocer de primera mano la verdadera naturaleza del asesino, un hombre que no llega ni a la treintena y a quien aún lo atormentan episodios de su infancia y adolescencia. Es un tipo bastante particular criado en un ambiente particular, un hombre perturbado que no obstante no es ningún estúpido. Aunque actúe por impulsos, también hace gala de una buena dosis de premeditación para cometer sus actos, como nos daremos cuenta al conocerlo mejor. Es un personaje que a la larga resulta tan repelente como atractivo para el lector.




Luego irán entrando en escena otros personajes que jugarán un papel importante en la historia (un joven negro que ayuda a Hodges con su jardín… y su computadora; una mujer con desórdenes obsesivo compulsivos, con un papel relevante en los hechos del Centro Cívico; la hermana de ésta, heredera de la fortuna de su hermana tras su suicidio; la extraña familia de ambas, de donde saldrá otro personaje determinante en la novela; el excompañero de trabajo de Hodges; entre otros…), pero solo adelantaré que todos son tan bien delineados como nos tiene acostumbrados Stephen King.

El puto amo :)
He de confesar que comencé un poco lento, primero por falta de tiempo y luego porque la novela no logró atraparme en un comienzo. La primera parte del libro no me sorprendió especialmente (tal vez porque King nos tiene tan acostumbrados a un altísimo nivel en sus historias), pero llegando a la mitad alzó el vuelo y de ahí en adelante se puso bastante bueno.

Los hechos se van desencadenando conduciendo a una inexorable confrontación. Al final terminé, parafraseando el libro, "hundiendo mi pie en el acelerador", pasando página tras página a toda velocidad, queriendo saber cómo terminaba todo, preguntándome si mis vaticinios terminarían siendo ciertos (a la postre algunos lo fueron).

Esta incursión del Maestro en el género policíaco me dejó bastante satisfecho, y el hecho de saber que se trata de una trilogía hace de esta una novela más interesante por lo que deja en el tintero. No dejé de pensar en la saga de Hannibal Lecter, del gran Thomas Harris, (aunque el nivel es muy diferente), no solo por el paralelismo de trilogía+thriller policíaco+psicópata, sino también porque, irónicamente, mientras leía Mr. Mercedes no dejé de pensar en el genial Anthony Hopkins encarnando a William Hodges.

El tramo final es bastante bueno, realmente me gustó, y el “final final”, el que lo deja a uno con la miel en los labios para el siguiente libro, me dejó de una pieza (a pesar de que llegué a prever algo similar).

En suma, no veo la hora de leer el segundo libro, Finders Keepers, que sale el próximo año, y del cual ya nos adelantaron la portada:





Stevie, ¡lo hiciste de nuevo!


:)



El Umbral de la Noche, de Stephen King

"Esta colección de relatos recorre toda la gama posible del terror. Cada uno de ellos es una obra maestra que espanta y fascina por el talento desplegado para exponer lo macabro, para insinuar el desastre con elementos tan simples como una sombra, un ruido, el sonido de unos pasos. Una de las cosas más sobrecogedoras es que la acción transcurre en escenarios tan desprovistos de misterio como una escuela, una fábrica, una lavandería. Pero en cada una de ellas sopla siempre un viento diabólico, el mal se encarna en extrañas formas, los objetos inanimados adquieren vida propia al servicio de oscuras fuerzas. Cuando empieza la noche, las tinieblas se hacen cómplices de fuerzas desconocidas, y el ser humano tiene menos resistencia para luchar contra lo desconocido.

El umbral de la noche nos transporta a un mundo de terrores imposibles pero que están ahí: a la vuelta de la esquina, en un maizal, en un pueblo abandonado, debajo de la cama o tras la puerta de ese armario que ni siquiera rechina…"

Nunca he sido de leer varios libros a la vez. Solo en el último par de años, por comodidad o por querer degustar otras cosas entre lectura y lectura, he comenzado a alternar un par de libros de cuando en cuando. Fue el caso de El umbral de la noche, una antología que ya había leído hace siete años. Sus relatos son tan buenos, y están tan grabados en el imaginario colectivo de los seguidores del Maestro del Terror, que a veces quiere uno sacar nuevamente el ejemplar de la biblioteca y releer (o revivir) algunos pasajes.

Lo que pasa es que en una de esas ocasiones el libro te agarra del cuello y te obliga a leerlo completo. Es lo que sucede cuando un libro es tan bueno como este lo es. De modo que desde hace unos meses fui intercalando la lectura de sus relatos con otras novelas hasta terminarlo a comienzos de mes.

Primera edición
El umbral de la noche (Night Shift), de 1978, es la primera antología publicada por Stephen King. Aunque muchos prefieren Pesadillas y alucinaciones, creo que la mayoría considera a El umbral de la noche como la mejor colección de relatos. Varios de ellos (como Los chicos del maíz y Camiones) son ya clásicos del género, y hasta han tenido su propia adaptación cinematográfica.

Antes de pasar a exponer un breve resumen de cada relato, quisiera traer a colación una anécdota de la primera vez que leí el libro que, creo, refleja cuánto valoro esta obra del escritor de Maine.

Desde que leí una novela suya por vez primera (El misterio de Salem’s Lot) quedé enganchado con sus libros. De inmediato fui leyendo todo lo que se cruzaba a mi paso, sobre todo lo que encontraba en las bibliotecas, porque en ese entonces si acaso me daba para comprar un libro muy de vez en cuando. A medida que leía y consultaba la extensión de su obra, El umbral de la noche se presentó como un libro imprescindible. Los relatos que contenía, de los cuales ya había oído hablar un poco, así lo acreditaban.

Pero sobre todo uno de ellos me llamaba especialmente la atención. En “El lector de… Stephen King, de Teodoro Gómez, se describe el primer relato de la antología (Los misterios del gusano) como un excelente relato que no solo estaba inspirado por la obra de Lovecraft, sino que además servía de antesala a una de sus novelas más populares: El misterio de Salem’s Lot. Ambos datos me llamaron mucho la atención: por una parte, me fascina Lovecraft, y por otro lado, esa era justamente la primera novela que había leído de King, y me había encantado.

Por tanto, ahora no solo quería leer esa antología, sino que me moría por conocer el relato en cuestión.

Pues bien, tras mucho buscar, di con él en el catálogo virtual de una biblioteca bastante apartada de la ciudad. Pasó algún tiempo hasta que por fin me decidí a ir hasta allí, a casi una hora de viaje, para dar con el libro. A medida que me acercaba, la ansiedad iba en aumento. Aunque lo había reservado con antelación, una parte de mí pensaba que me iban a dar una mala noticia cuando llegara. No obstante, mis temores fueron infundados: el libro estuvo en mis manos ni bien llegué a la biblioteca.

Era un ejemplar viejo, cuya portada había sido reemplazada por una pasta dura casera con la que suelen encuadernar los libros en las bibliotecas para que se conserven mejor. Ni bien pude lo abrí…

Y vaya sorpresa me llevé: parecía algo de no creer, algo demasiado irónico para ser cierto, pero alguien en algún momento había “cercenado” (por utilizar un término que describa semejante atropello) todo el primer relato de la antología, es decir, Los misterios del gusano. Justamente el relato que yo ansiaba leer con todas las ganas. Parecía obra de un cirujano, porque única y exclusivamente las páginas pertenecientes al relato, de la 29 a la 70, habían sido cortadas como con un bisturí. ¡Si hasta la introducción y el prefacio salieron indemnes!

Casi lo tomé como algo personal mientras maldecía para mis adentros, aunque como dato curioso para la posteridad quedó el hecho de que, eliminando el relato faltante, quedaba un total de 19 relatos… :P Solo para entendidos… ;)

De todas formas, no podía hacer nada. Me fui a casa y devoré la antología, por supuesto, pero mientras lo hacía sentía la ausencia de ese relato como la de un diente caído en batalla por cuya encía no dejas de pasar la lengua. Era una deuda pendiente que solo más tarde hube de saldar buscando el relato en PDF, cosa que para mí no entraña la misma sensación al momento de leer…

Años después conseguí el libro, y fue justamente ese ejemplar el que terminé de releer hace poco, reafirmándome en mi opinión de que se trata de la colección de relatos más exquisita en toda la obra del Maestro del Terror.

El libro comienza con una introducción de cuatro páginas a cargo de John D. Mac Donald, seguida de un prefacio del propio King, con una extensión de catorce páginas, en el que nos habla sobre su percepción del género del terror y por qué le gusta tanto a la gente que los asusten. Realmente son unas páginas que se disfrutan casi tanto como alguno de sus relatos, al final de las cuales Stephen King nos invita a ver algo que nos quiere mostrar. La mayoría se remonta a su época en la universidad, si bien han sido corregidos e incluso reescritos:

Los misterios del gusano: “La historia transcurre en Salem’s Lot a mediados de siglo pasado. Libros prohibidos, seres extraños… Un relato muy cercano a Lovecraft”. Efectivamente, una historia puramente lovecraftiana, escrita en estilo epistolar. Sumamente interesante y aterrador. Mejor aún si leíste la novela a la que sirve de preludio. Para siempre uno de mis favoritos.

El último turno: “Una historia de ratas ambientada en los sótanos de una fábrica textil. Dio lugar a una película que se estrenó en 1990 con el título de «Graveyard shift»”. Otro de mis preferidos. Horror en su estado puro. En mi opinión, uno de los mejores relatos clásicos de King. El final, realmente espeluznante.

Marejada nocturna: “Un precedente de Apocalipsis. Sus protagonistas son un grupo de sobrevivientes de una epidemia de gripe que ha asolado la Tierra”. Haciendo aparte la relación con ese clásico de King, tal vez sea uno de los relatos más flojos de la antología.

Soy la puerta: “Un astronauta que vuelve de Venus lleva en su cuerpo un extraño organismo que pondrá en peligro la vida del planeta”. Otro relato más o menos olvidable. Aun así, resulta inquietante y la prosa lo hace entretenido y fácil de leer.

La trituradora: “La máquina Hadley-Watson de la lavandería Blue Ribbon, conocida como «la trituradora», es poseída por un demonio que mata de manera indiscriminada. Dio lugar a una adaptación (The mangler, 1999)”. Otro de los relatos insignia de esta colección. A pesar de tratarse de un escenario tan vulgar como una lavandería (o quizá precisamente debido a ello), el relato es genial, muy bien desarrollado, con buena dosis de suspenso y un final contundente. Muy bueno. El dato de color es el hecho de que la misma lavandería aparece en Carrie y Carretera maldita, dos novelas del Maestro.

El coco: “Un hombre acude al psiquiatra horrorizado porque, aparentemente, el hombre del saco de las historias para asustar a los niños ha devorado a sus tres hijos. El cuento se convirtió en uno de los episodios de «Pesadillas Nocturnas» (1995)”. Un relato sencillo, corto, pero bastante ameno y con un final muy efectivo.

Materia gris: “Richie Grenadine se bebe una cerveza sin saber que provocará en él una extraña mutación. Meses después, no puede salir de su casa. ¿Qué le sucede?” Excelente relato. Perturbador y lleno de misterio hasta la reveladora escena final.

Campo de batalla: “Calvin Bates contrata a un asesino para que mate al propietario de una fábrica de juguetes. Poco tiempo después, recibe un paquete de su viuda un tanto extraño”. Un relato entretenido y original como ninguno. Realmente genial su desarrollo a pesar de su brevedad. Muy bueno.




Camiones: “Un grupo de conductores es acorralado en una gasolinera por un grupo de camiones vengativos. Dio lugar a una película muy aburrida, «Maximum Overdrive», rodada en 1986 y dirigida por Stephen King, y a otra versión también olvidable, titulada «Trucks», en 1997”. No he visto ninguna de las adaptaciones (aunque tengo la genial banda sonora de «Maximum Overdrive», a cargo de AC/DC: “Who made who”), pero el relato me gustó bastante. Solo a King podría ocurrírsele algo así, y además llevarlo a buen término.

A veces vuelven: “Un profesor vuelve al lugar donde estudió y donde tres muchachos mataron a su hermano, para descubrir que no son seres humanos. Se adaptó al cine en 1991”. Otro de los relatos formidables de esta antología. Una historia de fantasmas vengativos con un final espectacular. Excelente. Como anécdota, una vez estaba esperando que fuera la hora para salir, ya ni recuerdo a dónde, cuando de pronto, mientras pasaba canales en la televisión, vi que estaba a punto de comenzar dicha adaptación. Lamentablemente, no podía quedarme a verla, y desde ese día nunca más tuve la oportunidad. No la he visto ni en cable ni en internet… :(

La primavera de fresa: “Durante ese fenómeno meteorológico de nombre tan dulce, que tiene lugar cada ocho o diez años en invierno, varias estudiantes mueren brutalmente asesinadas”. Un relato corto pero interesante, con un sorpresivo final.

La cornisa: “Un hombre es obligado por el marido de su amante a dar una vuelta por la cornisa que rodea el edificio o morir en el lecho donde lo ha sorprendido. Es uno de los relatos que componen la película «Los ojos del gato»”. Otro de mis favoritos en esta antología. Mucho suspenso y tensión, y un gran final. La idea de darle la vuelta al edificio de esa manera es francamente perturbadora.

El hombre de la cortadora de césped: “Dio lugar a una película que no tiene nada que ver con esta historia (The lawnmower man, 1992). Harold Parkette hace tiempo que ha vendido la cortadora de césped. Un día descubre una marmota en el jardín y decide hacer algo. Contrata a un operador de la Casa Pastoral de Servicios de Jardinería y Exteriores, aunque lo que menos se puede esperar es que envíen a un jardinero loco con una cortadora que engulle todo lo que encuentra a su paso”. Un relato, en mi opinión, algo olvidable. No obstante, ha dado no solo para una adaptación cinematográfica, sino también una adaptación al cómic.

Basta S.A.: “Un relato en el que una empresa ofrece un método que permite dejar el tabaco pero que implica a toda la familia. También formó parte de «Los ojos del gato», con James Wood como fumador condenado a dejarlo”. Otro de los grandes relatos que componen la colección. Excelente historia, inquietante y atrapante. Buenísimo.

Sé lo que necesitas: “Edward es el novio perfecto, demasiado perfecto tal vez. Sabe en todo momento lo que necesita Elizabeth, lo cual no es bueno. Uno de los protagonistas tiene un ejemplar del Necronomicón, algo que siempre es digno de comentar”. Excelente relato. Muy ameno y lleno de misterio. La presencia del libro escrito por el árabe loco, efectivamente, es algo que llama la atención.

Los chicos del maíz: “Dio lugar a una célebre película y a una serie de secuelas. Gatlin es un pueblo en el que no hay adultos y los chicos forman una secta que riega los campos de maíz de los alrededores con la sangre de quienes tienen más de diecinueve años”. Otro de los relatos insignia de esta antología. Todo un clásico del género. Aunque es un relato absorbente y perturbador, no deja de sorprender que solo treinta páginas hayan dado pie a toda una franquicia de películas.

El último peldaño de la escalera: “Kity cae desde lo alto del granero porque se rompe el último peldaño de la escalera. Su hermano Larry le salva la vida, pero a cambio le pedirá algo”. Confieso que no tenía un gran recuerdo de este relato de la primera vez que lo leí, por lo que me ha sorprendido bastante en esta relectura. Realmente es una historia rica y sensible, con un final que no lo deja a uno indiferente. Excelente relato.

El hombre que amaba las flores: “Es la historia de un muchacho que pasea con un ramo de flores, pero ¿está en realidad enamorado?” A pesar de su vuelta de tuerca, es uno de los pocos relatos flojos de la colección, no obstante lo cual ha dado para multitud de adaptaciones en formato cortometraje.

Un trago de despedida: “Un curioso relato de vampiros, dos años después de los hechos narrados en Salem’s Lot”. En efecto, si Los misterios del gusano, el primer relato de la antología, puede considerarse una antesala de la novela de 1975, Un trago de despedida podría catalogarse como un epílogo. Corto, pero contundente. Excelente relato de la “saga Salem’s Lot”, de la que no podemos olvidar a La Torre Oscura V: Lobos del Calla como justo colofón.

La mujer de la habitación: “Adaptada para la película «Pesadillas nocturnas», narra las peripecias de un muchacho que decide ayudar a su madre que está muriendo de cáncer en la cama de un hospital”. Un relato muy íntimo y sensible. Un corto drama que cierra de la mejor manera esta colección de relatos.


En suma, una antología impresionante, donde en cada relato se percibe el talento de este mítico escritor para tocarnos en nuestras fibras más sensibles, llevando el horror a los lugares más insospechados. Cada historia transcurre bajo la sombra de algo maligno que solo espera el momento oportuno para campar a su antojo. De lo mejor de Stephen King, sin duda.

Como dato final, inmediatamente terminé de releer el libro, en mi edición del sello DeBolsillo, cambié mi ejemplar (sumándole otro libro para cerrar el negocio) por este, nada menos que la primera edición en castellano en tapa dura con sobrecubierta. :)




Aunque no suelo desprenderme de mis libros, por aparentemente “poco valiosos” que sean como edición, esta ocasión lo ameritaba. :) 

PD: Las pequeñas sinopsis de cada relato fueron extraídas del libro El lector de... Stephen King, de Teodoro Gómez, con muy pocas variaciones. 



lunes, 29 de diciembre de 2014

Colección Pomaire, ¡completa!

¡Hola a tod@s! :)

Esta es otra entrada que debí haber publicado hace días… :P

Justo después de haber conseguido La Hora del Vampiro, de editorial Pomaire (tal como les contara en otra entrada anterior), y gracias a un intercambio con Robinson Naranjo (otro seguidor de Stephen King de la ciudad de Medellín), hoy pude tener finalmente El Umbral de la Noche de editorial Pomaire, una edición que he buscado por años.




Y no solo eso, sino además en tapa dura, primera edición española de 1979, lo que lo hace aún más valioso. Desde aquí le extiendo nuevamente los agradecimientos a Robinson, esperando que haya quedado satisfecho con los libros que recibió a cambio. ;)

Y con la llegada del nuevo miembro de la "familia", y después de cinco años de búsquedas, por fin he completado la colección con las primeras ediciones de los 7 títulos de Stephen King publicados por la desaparecida editorial Pomaire, la primera en editar sus libros en castellano.




¡No me canso de verlos! :D

Sin duda alguna, uno de los grandes hallazgos de este año que casi termina…


:)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Leyendas de Dune I: La Yihad Butleriana, de Brian Herbert & Kevin J. Anderson


“A partir de ahora, la leyenda se hace realidad. El universo creado por Frank Herbert en su aclamada serie Dune, seguida por millones de lectores en todo el mundo, se amplía para descubrirnos, por primera vez, el episodio que le dio origen.

Diez mil años antes del nacimiento de Paul Atreides, del derrocamiento de un imperio, los últimos humanos libres se rebelaron contra el dominio de las poderosas máquinas que los habían esclavizado. En Dune, la Yihad Butleriana se revela la historia de Serena Butler, la mujer que prendió la llama de esa rebelión. Se destapa la traición que convertiría en enemigos mortales a la Casa Atreides y la Casa Harkonnen. Se desvelan los orígenes de la hermandad Bene Gesserit, de los doctores Suk, de la Orden de los Mentat y la Cofradía Espacial. Y aparece un planeta olvidado, Arrakis, donde acaba de descubrirse la melange, la especia que puede cambiar el destino de miles de planetas…”

Kevin J. Anderson nació el 27 de marzo de 1962. Es un escritor estadounidense de ciencia-ficción y publicó su primer relato en 1982. Ha escrito varias novelas de las continuaciones de Star Wars: Trilogía de la academia Jedi. Su primera novela, Resurrection, Inc., fue publicada en 1988. Ha publicado numerosos bestsellers y ha sido galardonado con los premios Nebula, Bram Stocker y el SFX Reader's Choice. Como dato curioso, Kevin ostenta el récord Guinness por ser el autor más prolífico a la hora de firmar libros.

Ahora bien, Brian Herbert también es un escritor de ciencia ficción, hijo nada menos que del famoso escritor Frank Herbert, quien es el autor de la saga original de Dune, la que ha sido aclamada por muchos como la obra cumbre del género. Aunque Brian Herbert ha escrito varias novelas originales en los últimos años, ha destacado por escribir junto con Kevin J. Anderson varias novelas que explican los hechos precedentes del Universo de Dune.

Esta novela, primera entrega de la trilogía Leyendas de Dune, la terminé hace ya un mes, y desde luego ya era hora de que tuviera su respectiva reseña en El Blog de Calavera. Hace muchos días que deseaba escribirla, y ya habría sido publicada sino fuera por el hecho de que cuando llegó el momento de hacerlo me vi en medio de una disyuntiva: el Universo Dune es realmente algo gigante. Comprende más de una docena de libros, los primeros seis escritos por Frank Herbert, y otros tantos escritos por su hijo Brian en coautoría con Kevin J. Anderson. Cuando me dispuse a escribir la reseña me di cuenta de que no sería fácil expresarle al hipotético lector de este blog qué lugar ocupa esta novela en toda esta cosmogonía.

Por tanto, decidí hacer algo que tuve en mente durante mucho tiempo desde que leí los primeros libros: escribir una entrada-artículo sobre toda la saga en general, incluyendo historia, análisis y cronología de toda la obra, todo esto acompañado de una guía de lectura para el lector novato. Así fue como nació una entrada a la que le puse todas las ganas y el corazón, y que, si a bien tienen, puede leer en este link: Dune: historia, análisis y cronología. Allí, querido lector, podrás conocer todo (o al menos toda la información que pude recabar) sobre esta obra maestra de la literatura.

De tal modo que antes de leer la presente entrada estaría bien visitar la anteriormente citada…, en caso de no conocer la obra de los Herbert, por supuesto. Esto, como digo, con el ánimo de ponernos en antecedentes sobre todo el marco general y el lugar que ocupa La Yihad Butleriana en la saga Dune.

La historia transcurre 10.000 años antes del punto en que comienza la saga original escrita por Herbert padre, donde conocemos por primera vez a Paul Atreides. En un comienzo, se nos cuenta que la humanidad ha permanecido los últimos mil años subyugada por el reinado de las máquinas pensantes, cuyo imperio de terror se ha extendido por gran parte de la galaxia. El origen de esta tiranía nació en un momento en que el progreso de la tecnología alcanzada por el ser humano llegó a un punto tal de sofisticación que el hombre, de alguna manera, se descuidó, dejando en “manos” de las máquinas gran parte de las funciones de su vida diaria y dotándolas de poderes más allá de lo aconsejable.


Brian Herbert y Kevin J. Anderson


Es en este punto donde surgen los Titanes, un grupo de inadaptados que adoptaron nombres míticos y que, arengados por un pensador llamado Tlaloc, conspiraron para derrocar a los antiguos gobernantes, convirtiendo de paso a las máquinas en terribles armas letales. La Liga de Nobles, un grupo de humanos de diferentes planetas decididos a luchar contra el nuevo dominio, poco pudieron hacer para evitar la derrota, no obstante lo cual permanecerían a lo largo de los siglos ofreciendo férrea resistencia en sus respectivos planetas.

Luego de una década de implacable gobierno, el pensador Tlaloc muere, quedando el Titán Agamenón con el liderazgo. Viendo la vulnerabilidad de sus cuerpos físicos para mantener el control de la dictadura, el grupo de insurrectos toma una decisión que cambiará para siempre el destino de la galaxia: mediante una operación sumamente delicada, los cerebros de cada uno de los Titanes es extirpado para ser luego implantados en cuerpos mecánicos, asegurando así su inmortalidad. Estas máquinas con cerebros humanos se denominarán “cimeks”.

Es allí donde la Era de los Titanes comienza.




No obstante, este reinado dura apenas un siglo debido a un error garrafal: uno de los Titanes, dedicándole excesivo tiempo a los placeres terrenales, se excede en la libertad brindada a su extensa red de inteligencia artificial, momento en el cual ésta toma consciencia de sí misma, derrocando a los Cimeks. Cuando estos se dan cuenta, ya es demasiado tarde.

La red se autodenomina Omnius, y conquista todos y cada uno de los sistemas planetarios gobernados por los Titanes, obligando a estos a someterse. Cuando comienza la novela, como mencionaba anteriormente, Omnius y los Titanes llevan ya mil años de dominio sobre los humanos.

La Liga de Nobles, sin embargo, permanece en pie de lucha tras este milenio de dominación, aunque una tensa calma de varias décadas hace prever que el momento de la confrontación definitiva se acerca…

Esto, realmente, es solo la antesala de una novela que comencé con muchas expectativas. Habiendo leído ya las seis novelas originales escritas por Herbert padre, eran muchas las incógnitas acerca de lo que sería no solo un salto de 10.000 años atrás hacia el pasado de la mano de su hijo Brian y su colega Kevin, sino también el cambio de registro propio de una historia escrita por personas diferentes. La prosa de Frank Herbert es impresionantemente rica. Es casi mística, y deja vislumbrar la sapiencia de un hombre que supo crear un universo completo de la nada.

¿Serían Brian y Kevin capaces de estar a la altura?

En alguna parte había leído que ambos en ningún momento habían querido imitar la prosa del creador de la saga, a pesar de que los lectores notaban ciertas similitudes.

Pues bien, cualquier duda resultó infundada: el libro es genial. Me encantó. La prosa difiere significativamente. De hecho, es más ágil en algunos sentidos, y el hecho de que los capítulos sean muy cortos, de entre tres y siete páginas, hace de esta una novela que se lee muy rápido. La trama, narrada desde diferentes puntos de vista tal como nos tenía acostumbrados Frank, es trepidante y llena de acción. Curiosamente, las míticas familias Harkonnen y Atreides, eternos antagonistas, juegan aquí roles invertidos, lo que le da un plus extra a la historia.

La acción comienza sin preámbulos, desde la primera página, donde se nos narra un ataque de los Cimeks al planeta Salusa Secundus, el cual hace parte de la Liga de Nobles, evento a partir del cual comenzará la verdadera resistencia de los humanos.





En este libro se nos narra el comienzo de la rebelión que acabará a la larga con el dominio de las máquinas, pero todos los pequeños detalles y acontecimientos de la historia hacen de ese trasfondo un relato muchísimo más impresionante de lo que pueda uno imaginar antes de adentrarse en sus páginas. El final, fiel a lo que nos tenía acostumbrados Frank Herbert, lo deja a uno sorprendido con el desenlace de cada subtrama, y con la miel en los labios para continuar.

No he querido adelantar nada de la trama o los personajes, dejándole al lector la inquietud con la antesala anteriormente expuesta. Creo que es un marco imponente.

En suma, creo que Brian y Kevin han conseguido una dupla que trabaja a la perfección. Ya quiero saber lo que se viene en el segundo volumen de la trilogía: La Cruzada de las Máquinas.





:)   

Un cómic, un regalo y una reliquia




¡Hola a tod@s! :)

Siguiendo con mi propósito de ponerme al día con las entradas pendientes del blog, el título de esta entrada resume lo que han sido los últimos ítems que se suman a mi colección de Stephen King… :) Ya son 153 en total, algo con lo que ni soñaba hace cinco años, cuando comenzaba con ilusión la meta de conseguir todos los títulos del Maestro del Terror. En ese entonces apenas eran la décima parte de lo que tengo hoy, y ni se me pasaba por la cabeza que en mis manos fueran a parar libros supremamente valiosos…

Eso es lo lindo de esta pasión, no solo por la literatura, sino también por el coleccionismo de algo que te corre por las venas…

Y bueno, como es costumbre en este blog, les cuento un poquito acerca de cada uno: :P

APOCALIPSIS




Estos libros de Apocalipsis siempre se han salido de mi presupuesto. Llevo viéndolos hace como tres años, pero solo en eventos como ComicCon o la Fiesta del Libro. Son seis números, y cada uno cuesta entre 40 y 45 dólares ($80.000 pesos colombianos)…  La verdad los he dejado pasar porque sé que para tenerlos todos necesito una buena pasta, y porque en ese tipo de eventos hay gangas que me puedo perder por comprar un solo libro. Pues bien, en el Comic Con Colombia 2014 pude hacerme con este, el primer número, por solo 13 dólares ($25.000 pesos colombianos)!!!! Toda una ganga!! :D

Lastimosamente solo estaba el primero, y en una parte donde sí estaban todos (donde quedó como evidencia un charco de baba de un servidor), los vendían a 36 dólares cada uno ($70.000)… Pero bueno, igual estoy contento con este gangazo. Seguro los demás irán cayendo poco a poco…


MR. MERCEDES




Este libro, la última novela de Stephen King publicada en español, llegó como regalo de mi gran amigo Tulio Fernández!! :) Aunque más que amigo es un hermano… ;)

Gracias a semejante presente, ahora mi colección de SK en castellano está nuevamente completa. :D Apenas he leído el prólogo, pero pinta muy bien… :)


LA HORA DEL VAMPIRO



Gracias a un cambio con Carlos Calderon (un seguidor de SK de Bogotá que además tiene su propia librería), y por intermedio de David Jimenez (otro amigo coleccionista de Medellín), esta semana me llegó esta edición de La Hora del Vampiro de editorial Pomaire, una edición que he buscado por años. :D


Hace dos años y medio había encontrado una versión en pocket, también de Pomaire, y la dejé pasar esperando a encontrar la versión en rústica (en tapa dura es casi inconseguible), decisión de la que me arrepentí después… Este que me llegó tiene el lomo algo estropeado, pero ahora la meta de completar las primeras ediciones de los 7 títulos editados por Pomaire está más cerca que nunca… 




Como "bonus track", en el Comic Con Colombia 2014 también conseguí este cómic de Neil Gaiman, un autor del que he leído muy buenas críticas, pero del que no he leído nada hasta el momento:




 Ya veremos qué tal... :)
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