domingo, 26 de diciembre de 2010

NUEVO AMANECER

Tengo la intención de ir publicando poco a poco mis relatos en el blog (con una revisión si es necesario, como sucedió con LA LIBRERÍA), así que aquí vamos con el segundo.  :)

El presente relato fue escrito en Febrero de 2010 como parte del I Concurso Temático Ka Tet Corp. de Relatos Breves (Zombies).

No ganó..., ¡pero espero que lo disfruten! ;)



NUEVO AMANECER



1

Del Washington Post
24 de Marzo de 2010
Washington D.C.

El gobierno del presidente Barack Obama sigue negando las acusaciones del gobierno francés y de su presidente Nicolás Sarkozy, según las cuales aviones de la fuerza aérea estadounidense se encuentran realizando operaciones militares ilegales fuera de sus fronteras. Según Sarkozy, aviones estadounidenses han sido registrados por los radares en regiones tan distantes como Sudáfrica, Siberia, Patagonia, Toronto, Taiwán, Oslo, entre otras. No obstante, hasta el momento no existen pruebas fehacientes que respalden firmemente su posición. Un portavoz de la Casa Blanca ha dicho…


En realidad todo comenzó en 2007, cuando George W. Bush aún comandaba las decisiones de la gran potencia americana. Se inició en secreto, y cuando a la Casa Blanca llegó el primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos, todo permaneció en secreto, incluso para él.
Todo surgió de una simple idea, concebida en una lluviosa noche de noviembre poblada de licor y humo de tabaco, entre cuatro amigos reunidos luego de cinco largos años. Mike O´Connor y Paul Roberts eran miembros activos de la CIA, Steve Andrews pertenecía al Programa de Seguridad Espacial de la NASA, y John Curtiss era un capitán retirado de la USAF. Este último era hijo del legendario General Curtiss, que en los años setenta había llevado a cabo la arriesgada Operación Caballo de Troya.
Se habían conocido en extrañas circunstancias bajo el gobierno de Bill Clinton, y habían trabado una amistad que incluso a ellos mismos aún les sorprendía. La reunión fue idea de Mike y Paul, que trabajaban en el mismo departamento de contraespionaje de la CIA. Luego de dos meses y unas cuantas llamadas, los cuatro se reunieron en un bar en Long Island donde ponían viejos éxitos de B.B. King y Chuck Berry.
La conversación discurría por los derroteros más dispares.
Eran casi las once de la noche, cuando John, algo pasado de copas a esa altura, dijo:
—Tengo una maravillosa idea para dominar el mundo.
Los otros tres se quedaron mirándole con una expresión perpleja bastante cómica, para irrumpir luego en una sonora carcajada. John rió con ellos, pero pasado un momento, y con un semblante que denotaba una absoluta seriedad, les aseguró:
—Hablo en serio.
A continuación, les delineó un descabellado proyecto para suministrar, por medio del aire y el agua, una sustancia capaz a largo plazo de volver a la población maleable y predispuesta a acatar sin reparos las decisiones de los altos mandos gubernamentales. Para eso, dijo, necesitaba la tecnología y la ayuda conjunta de las tres instituciones que ellos, en mayor o menor medida, representaban. Es decir, la CIA, la NASA y la USAF.
Los cuatro se pusieron de acuerdo.
Inicialmente como un reto personal, y después como un objetivo concreto, dieron los primeros pasos para bosquejar lo que más tarde se llamaría Operación Telaraña. En el más absoluto secreto, personalidades de mayor rango le dieron el visto bueno a la idea, y muy pronto nuevos miembros se unieron a la extraña y ambiciosa causa.

Dos años después, a lo largo de las regiones más distantes del globo, cientos de aviones equipados con sistemas antirradar y tanques especialmente acoplados esparcían un polvo grisáceo e inodoro a casi cincuenta mil pies de altitud. Lo hacían meticulosamente, peinando poco a poco todas y cada una de las regiones del planeta. Cada dos o tres días, los aviones hacían el mismo recorrido, esquivando astutamente los sistemas de radar, que sólo vislumbraban a ratos un extraño y borroso objeto, para luego mostrar un barrido limpio en las verdes pantallas.
La Operación se extendió por siete meses, al cabo de los cuales el Comando General de la Operación tomó la decisión de esperar resultados. Se suponía que no iban a haber cambios anormalmente visibles. Sólo cuando el gobierno empezara a tomar ciertas determinaciones, debían notarse los efectos en una sumisa actitud de la población.
Pero luego de seis meses ningún cambio notable ocurrió y la Operación Telaraña entró en una etapa de espera. Ninguno de ellos alcanzó a imaginar lo que ocurriría más tarde. Lo que los escasos sobrevivientes llamarían simplemente “El Virus”.


2

Del Le Monde
16 de Enero de 2011
Paris

Marcell Ciotti, embajador de Francia en los Estados Unidos, fue asesinado anoche  por desconocidos cuando se dirigía a su residencia en las cercanías de Georgetown, en Washington. Hasta el momento se desconocen los móviles del crimen, que ha embargado al pueblo francés en un profundo sentimiento de pena y repudio por tan vil acto. Ciotti, que solicitara el pasado jueves ante la ONU la formación de una comisión internacional que investigue a fondo los pasados avistamientos de aviones estadounidenses realizando operaciones desconocidas en el extranjero, había anunciado una rueda de prensa en la que se…


Pasados tres años, estaba claro que la Operación Telaraña había sido un completo fracaso, o por lo menos eso pensaba Curtiss y sus hombres, que aún buscaban la forma de justificar un gasto de miles de millones de dólares.
Pero no todo había sido en vano.

El caos se inició exactamente el 29 de octubre de 2013 en una pequeña y apartada población de Malanje, en Angola. A eso de las tres de la tarde, en una aldea de agricultores, dio comienzo la fase uno del Virus. Los pobladores se encontraban celebrando un consejo comunitario en la pequeña parroquia cuando un súbito silencio se extendió a lo largo de todos los presentes. Segundos después la totalidad de aldeanos comenzaron a convulsionar frenéticamente, segregando una espesa materia grisácea por la boca y los orificios nasales.
Tres minutos más tarde estaban muertos.
Situaciones similares se fueron sucediendo en todo el país. Luego en todo el continente, y después, como era de esperarse, en todas partes. En menos de veinticuatro horas el mundo entero se sumió en una oscuridad que ni el profeta más soñador se hubiera atrevido a pronosticar.
Las principales ciudades del mundo fueron presas rápidamente de la más absoluta devastación, conforme el Virus hacía su aparición puntual a lo ancho del globo. Cuerpos rígidos en extrañas posturas, llenos de una sustancia gris ya seca, inundaban plazas, colegios, parques, calles, subterráneos y edificios de apartamentos, en una escena apocalíptica.

Pero no todos habían muerto.
Un pequeñísimo porcentaje de la población mundial resultó ser inmune al mal que se esparcía por todas partes como una plaga del demonio. Fueron testigos impotentes de la visión de pesadilla en que se estaba convirtiendo lo que hasta hace unos instantes era un día rutinario como cualquier otro. El más puro terror terminó acabando con algunos de ellos, pero el resto se convirtió en el último vestigio de la raza humana recién extinta.
Pero a decir verdad, la pesadilla apenas comenzaba.


3

Del Türkiye
29 de Junio de 2011
Estambul

El Primer Ministro, Recep Erdogan, ha vuelto en el día de ayer de la audiencia extraordinaria celebrada en la Casa Blanca con el presidente de Estados Unidos Barack Obama, con motivo de su nombramiento como cabeza de la Comisión que investigará la procedencia y verosimilitud de las constantes acusaciones de entes internacionales relacionadas con la invasión de aviones de la USAF en territorio extranjero. Erdogan ha anunciado que acepta su nombramiento y que hará lo que esté a su alcance para verter claridad en este asunto. Obama, por su parte, insiste en que las acusaciones carecen de fundamento y que no opondrá ninguna clase de obstáculos en las investigaciones…


Andrés Domínguez fue uno de los pocos sobrevivientes en la ciudad de Barcelona, y muy a su pesar fue testigo de lo peor de la pesadilla.
Como si de una infernal y apocalíptica parodia de la resurrección se tratase, al atardecer del tercer día, cuando caminaba sin rumbo en busca de comida y un lugar para pasar la noche que no apestara tanto como los anteriores, vio un ligero movimiento en uno de los montones de cadáveres que poblaban las inmediaciones del Parque Güell. Al principio pensó que la creciente oscuridad le jugaba una mala pasada, pero poco a poco los movimientos se multiplicaron. Algunos de los muertos comenzaron a incorporarse, todavía petrificados en las extrañas posturas en que habían muerto. Curiosamente era primero de noviembre, Día de Todos los Santos.
Andrés corrió en busca de un escondite.
La fase dos había comenzado.

Como una contraria repetición del ataque del Virus, millones de cuerpos en todo el mundo se despertaron. Parecía una escena bíblica a gran escala de la resurrección de los muertos. Y así como una pequeña parte de la población había sido inmune a la epidemia, también fue sólo una parte de los muertos los que se reanimaron repentinamente.
Andrés, desde su punto estratégico, se dio cuenta de inmediato de que estos “seres” estaban muy lejos de ser como los zombies o muertos vivientes que solía ver con su hermano en las funciones del viernes en la noche. No eran tan lentos como en las películas, y una vez se incorporaron estiraron sonoramente sus tiesas y frías extremidades hasta volver a su posición normal. Tenían un extraño brillo en sus ojos, que para Andrés denotaba cierto grado de inteligencia. Unos diez minutos después, un pequeño grupo se había reunido en torno a un viejo olmo y, para su horror, parecieron mover los labios lánguidamente. A continuación, se dirigieron a un automóvil cercano, abrieron las portezuelas y sacaron a sus antiguos ocupantes. Los examinaron. Y luego se los comieron con avidez.
Andrés permaneció escondido hasta el día siguiente.


4

De La Nación
2 de Diciembre de 2011
Buenos Aires

Un avión de la USAF (Fuerza Aérea de Estados Unidos) se estrelló anoche en la región de la Patagonia, más específicamente en la península de Valdés. Fuentes oficiales han informado que el artefacto poseía un inmenso tanque acoplado, ahora roto, lleno de un polvo de tonalidad gris que hasta el momento no se ha podido identificar, y parte del cual estuvo esparciéndose sin control por la región durante casi dos horas. Luis Alberto Pozzi, Jefe del Ejército Argentino, anunció que llevará el caso ante la Corte Penal Internacional. El gobierno estadounidense aún no se ha pronunciado al respecto…


Todo parecía indicar que rehuían la luz del sol. Lo descubrieron muy pronto y actuaron en concordancia. Antes del alba, una muchedumbre de unos doscientos se reunía en el ahora abandonado Centro de Convenciones y permanecían encerrados hasta el anochecer.
Luego de tres meses de trabajo planificado, Lauren Vélez, líder del grupo Nuevo Amanecer con apenas diecisiete años, tomó la decisión de actuar. Lo harían el domingo.
Conseguir los explosivos había sido más fácil de lo esperado. Tras varios intentos fallidos, encontraron un arsenal completo e intacto en el Batallón de Infantería Nº 4, ubicado al oriente de la ciudad. Los fueron transportando lenta y metódicamente a su centro de operaciones y de allí, por partes, habían ido enterrando una inmensa cantidad por todo el perímetro del Centro de Convenciones.
La devastadora explosión sería digna de verse.

—Cuéntame otra vez lo de tu padre —pidió Rubén con aire ensoñador.
—Te lo he contado por lo menos diez veces —le espetó Lauren con desgana—. Además, la historia no es nada del otro mundo. Simplemente desapareció de la sala de estar de mi casa hace siete años, sin dejar rastro.
—Pero el resplandor…
—¡Al diablo con el resplandor! Me recuerdas a mi madre, que siempre insistió en que ello tenía algo que ver.
—Pero tú dices que luego del destello tu padre nunca volvió…
—Pues sí. Pero yo creo que sólo huyó de su obligación, y conociendo como es… como era mi madre, no lo culpo —concluyó Lauren pensativa.
—¿El domingo, entonces? —preguntó Rubén, cambiando de tema.
—Sí, el domingo. No podemos postergarlo más tiempo. Es hora de empezar a acabar con ellos —contestó ella con una extraña sonrisa.


5

         Del Portland Herald
27 de Enero de 2012
Portland

John Curtiss, capitán retirado de la USAF, fue arrestado en la tarde de ayer cuando intentaba incendiar su cabaña ubicada en un bosque en las cercanías de Castle Rock, en el estado de Maine. Curtiss fue sorprendido en actitud sospechosa por un guarda forestal que se encontraba en las inmediaciones. Se presume que su propósito era destruir una gran cantidad de documentación. Las autoridades han dicho que aún se desconoce la naturaleza de la información que reposa en los miles de folios que fueron encontrados en la cabaña. No obstante…


La madrugada del domingo, 6 de abril de 2014, fue bastante fría. Una tenue capa de nubes tapaba la luz de las estrellas. Quien observara la ciudad desde lejos vería cientos de humeantes puntos luminosos. Eran montañas de cuerpos que ardían como gigantescas fogatas. El olor a carne humana, putrefacta y carbonizada, se extendía por todas partes, inundando cada rincón con su pestilencia. El silencio era abrumador. No había perros que ladraran, ni gatos que maullaran. No había aves que alegraran con sus trinos esas tempranas horas de la mañana. La alegría había desaparecido de la faz de la Tierra.
El planeta se había convertido en una titánica fosa común.

Lauren le había dicho al resto del grupo que con dos personas bastaba para instalar la última tanda de explosivos, conectar el detonador y activar la carga. Pero todos habían insistido en ir a ver la devastadora conflagración que destruiría el Centro de Convenciones en su totalidad, junto con todos sus ocupantes. Así que eran las cuatro y media de la mañana cuando Lauren, Rubén y los demás, algunos con armas automáticas, otros con viejos revólveres calibre 38, partieron de un lugar en las cercanías del Edificio de la Gobernación. Su punto de destino estaba a menos de un kilómetro de allí.
Caminaban lentamente en pequeños grupos de dos o tres por las desoladas calles de la ciudad. Tardaron veinte minutos en llegar, y luego se fueron diseminando por los alrededores del Centro. A una señal de Lauren, Rubén se le acercó y juntos se dirigieron a un costado del edificio poblado de arbustos. Lauren se agachó y retiró unas ramas sueltas dejando al descubierto el extremo de dos cables.
—Saca la carga —ordenó ella.
Rubén descolgó su morral y extrajo cuidadosamente un paquete marrón, entregándoselo a Lauren. Esta lo puso en el suelo y lo desenvolvió. La carga de dinamita tenía dos cables a cada lado. Los estiró y entrelazó cada extremo con los que se hallaban bajo los arbustos. Acto seguido extrajo un gran rollo de cable. Insertó una de las puntas en la carga y empezó a retroceder desenrollándolo con rapidez. Rubén se quedó mirándola.
—¿Qué diablos esperas? —lo regañó ella.— ¡Corre!
Rubén le hizo caso de inmediato y empezó a correr a su lado, retrocediendo hasta ponerse los dos a cubierto a unos ciento cincuenta metros, tras el recodo de la esquina de un edificio cercano. Los demás integrantes del grupo se hallaban escondidos de la misma manera, a intervalos de cincuenta metros.
Lauren se arrodilló, sacó el detonador y le conectó el cable.
Observó a su alrededor. Todo seguía en calma. Sus compañeros seguían a buen resguardo. Miró a Rubén, que estaba detrás de ella, y asintió. Había llegado el momento. Poco importaban las tuberías de agua y las corrientes de luz y gas en el interior del edificio. Nadie más se vería afectado.
Sin la más mínima expresión en su rostro, Lauren accionó el detonador.

Como era de esperarse, la explosión fue monumental. En perfecta sincronía, las cargas explosivas fueron detonando simultáneamente en todo el perímetro del Centro de Convenciones. El edificio se desestabilizó en toda su estructura, pareció resistir un momento, y luego se desplomó con un ruido ensordecedor. El sonido de la destrucción resonó por unos minutos en varios kilómetros a la redonda.
El rostro de Lauren permaneció inmutable.
Pasados unos treinta minutos, cuando la gran nube de polvo se asentó un poco, hizo una señal al grupo más cercano y se pusieron en movimiento. Se reunieron todos en lo que hasta hace un rato era una de las entradas principales del edificio. Algunas de las paredes aún se tenían en pie y era posible movilizarse medianamente entre los escombros.
Sin mediar palabra, se dispersaron, también en pequeños grupos.
Pronto amanecería.
Lauren iba en compañía de Rubén. Entraron por un portón lateral que desembocaba en un pequeño salón. El techo estaba destruido y grandes bloques de cemento cubrían la mayor parte del suelo. Recorrieron el lugar, inspeccionando cada rincón. Después de unos minutos, salieron por una puerta ubicada en el otro extremo, que comunicaba con un salón más grande donde la devastación había sido aún peor. Todo el techo se había desplomado y resultaba muy difícil desplazarse. Aún así, pasado un rato de hurgar entre los escombros, encontraron el primer muerto bajo una pesada columna.
Era un niño rubio de unos siete años de edad. Vestía un jean muy gastado y una raída camiseta de un grupo de rock. Lauren se agachó a su lado, con Rubén tras ella. El niño estaba cubierto de sangre del pecho para abajo. Lauren le tomó el brazo y examinó su muñeca. No había pulso, por supuesto, pero aún se notaba cierta calidez. Luego, se llevó la mano del niño a su fría y violácea boca, y empezó a mordisquear distraídamente sus dedos, despacio al principio y luego con desagradable voracidad. En realidad, el niño no sabía mal.
Nada mal.




Publicado originalmente en Ka Tet Corp. por Calavera en Abril de 2010.

2 comentarios:

Luther dijo...

:O, increíble que no hayan comentado este!!!
Me dije "Tengo que leer algo de Calavera" y me encontré con éste. Lo releí,pues ya le había dado una leída en el Ka-Tet Corp (¿Se escribe así? Si no, sabrán disculparme).
Bien, es un buen relato de Zombies. Me agrada lo de los artículos, le da más credibilidad a la historia. Me gusta.
Ahora iré por otro!!!

Calavera dijo...

Gracias por leerme, Luther. Me alegra que te gustara. ;)

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