lunes, 15 de octubre de 2012

Herejes de Dune, de Frank Herbert


“La saga Dune es la cumbre de la ficción científica contemporánea. Esta quinta entrega de la serie prosigue con las aventuras de la estirpe de los Atreides en el fascinante planeta de arena.

Nos hallamos en el futuro respecto a la acción de Dios Emperador de Dune. La expansión galáctica que siguió a la muerte de Leto II ha terminado. Todos regresan al planeta madre, convertido de nuevo en el mundo inhóspito y seco de sus orígenes. El delicado equilibrio entre las antiguas fuerzas está a punto de romperse. En este marco aparece un nuevo personaje: Sheeana, una chica que tiene el poder de invocar, controlar y conducir a Shaihulud, el gigantesco gusano de arena…”

Ha pasado casi un año y medio desde la última vez que encaré la redacción de una reseña correspondiente a un título de la magnífica saga de Frank Herbert, Dune. Y ahora, nuevamente, me veo en la misma disyuntiva: ¿cómo compendiar, sintetizar o tan siquiera dejar entrever al lector de esta reseña la naturaleza y la intrincada complejidad de los hechos que se narran en las páginas de Dune?

Frank Herbert, ya lo dije anteriormente, gozó de un talento sin igual para la escritura y creó de la nada un mundo impresionante y abismalmente lleno de matices y singularidades. Su prosa destila una sabiduría pocas veces vista, y en cada página te sorprende con la profundidad que le supo conferir a su historia. El discurrir existencial, los planteamientos filosóficos de los protagonistas de Dune son, o fueron, los pensamientos ideológicos de Frank Herbert, y con ellos dota, repito, de un vívido realismo a su obra.

Leer Dune es conocer la mente de un hombre que se cuestionó la gran multitud de implicaciones inherentes al origen y el desarrollo de la Humanidad, y el cómo y el porqué de su evolución y supervivencia.


Frank Herbert (1920 - 1986)

En Herejes de Dune, quinto libro de la saga original, han pasado 1.500 años con respecto a la acción narrada en el cuarto volumen, Dios Emperador de Dune, y nos encontramos con un universo que, aún tantos años después, sigue reponiéndose del largo imperio del Tirano, cuya Senda de Oro se extendió por nada menos que 3.500 años. Todas las diferentes fuerzas que influyen en el discurrir del universo comienzan a medir de nuevo su poder, máxime cuando pueblos errantes provenientes de la Dispersión, una especie de éxodo expansivo que siguió a la muerte del Dios Emperador, comienza a regresar al núcleo, al planeta madre Rakis —antes Arrakis; siempre Dune—, con el ánimo de sacar su tajada y hacerse su posición en las grandes fuerzas que mueven el universo, y cuya llegada encontrará su más firme oponente en la Bene Gesserit, la Hermandad de sabias y poderosas mujeres que rigen gran parte del poder desde hace milenios.

En este marco, aparecen dos seres largo tiempo esperados: un nuevo ghola de Duncan Idaho —una especie de clon que ha sido hecho y rehecho una y otra vez desde los tiempos del Dios Emperador, y cuyo original sirvió fielmente al padre de este, el legendario Paul Atreides—, cuyas habilidades las Reverendas Madres de la Bene Gesserit proyectan usar para sus desconocidos propósitos de procreación dirigida; y por otra parte, una misteriosa muchacha llamada Sheeana, procedente de una humilde aldea de Rakis, que posee inexplicables poderes y vínculos con el gigantesco gusano de arena del desértico planeta.

Primera edición de la novela
Con ellos en medio como inocentes marionetas de los hilos que los mueven, o que pretenden moverlos, las grandes fuerzas del universo entrarán en un intricado juego de alianzas, traiciones, disputas tanto diplomáticamente verbales como agresivamente violentas, en el que cada cual intentará salir bien librado, queriendo ganar mucho arriesgando poco.

Y como siempre la melange, la codiciada especia cuyas propiedades son utilizadas para toda clase de fines, juega un papel importante como moneda de chantaje, coerciones y negociaciones.

Decir lo anterior es poco para describir la profundidad y los alcances de esta monumental saga que ha sido calificada en múltiples ocasiones como la más grande de la ciencia ficción de todos los tiempos. Basta, como ya he dicho antes, adentrarse en el primer volumen, titulado simplemente Dune, para verse atrapado y maravillado por esa vorágine de hechos aparentemente enrevesados y confusos, que luego irán tejiendo un lienzo impresionante.

Hasta el momento solo he podido encontrar un parangón similar en la saga de George R.R. Martin, Canción de Hielo y Fuego, tanto por la cantidad de personajes y lugares, como por la red de eventos que se unen en una telaraña argumental indescriptible, y por el hecho de que los buenos no son del todo buenos ni los malos del todo malos. Aunque, desde luego, se trate de dos géneros y temáticas completamente opuestos.

Este quinto volumen en especial, que deja la puerta abierta para el sexto y último libro escrito por Frank Herbert —y cuyo final llegaría casi veinte años después de la mano de su hijo Brian y el escritor Kevin J. Anderson con Cazadores de Dune y  Gusanos de Arena de Dune (Dune 7 y 8 respectivamente)—, resultó ser, tal como me lo habían advertido antes, quizá el más lento de todos, con pasajes en los que la trama general parecía avanzar poco. Para colmo, varios eventos de mi vida (entre ellos la escritura del relato por entregas Bifurcaciones y el posterior fallecimiento de mi padre) impidieron que le dedicara todo el tiempo que quería, lo que hizo que el libro resultara por momentos interminable. Tanto es así, que he tardado tres meses leyéndolo… :/

Duncan Idaho
No obstante, entre el fin de semana pasado y hoy, lunes festivo en Colombia, leí prácticamente la mitad del libro, lo que te deja ese sabor especial de haber terminado finalmente una historia que no querías que se atascase. Y es que aunque de verdad el libro es algo lento, después de la mitad suceden una serie de hechos que hacen que alce el vuelo y que lo haga mucho más interesante de ahí en adelante.

Al final, como ya nos tiene acostumbrados Herbert en las anteriores entregas, viene una cadena de eventos que te deparan una sorpresa tras otra, y que al cerrar el libro hacen que exclames un “Uaauuu” sorprendido y extasiado. En esta ocasión, sin embargo, los capítulos finales se me antojaron algo apresurados, narrados con demasiada premura y dejando, entre uno y otro, pasajes obviados para la imaginación del lector, lo que aún así no le resta contundencia a un final que me ha dejado con la boca abierta y con ganas de leer más.

No obstante, por el momento me tomaré un descanso, para luego retomar la saga con un Casa Capitular Dune que promete, tal como también me lo anunció mi colega de arena el Doctor Lecter, del blog El Consultorio del Doctor, ser una novela fascinante.

:)
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