sábado, 28 de diciembre de 2013

La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón

“Un amanecer de 1945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: El Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambiará el rumbo de su vida y le arrastrará a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad.

La Sombra del Viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, desde los últimos esplendores del Modernismo hasta las tinieblas de la posguerra. La Sombra del Viento mezcla técnicas de relato de intriga, de novela histórica y de comedia de costumbres, pero es, sobre todo, una tragedia histórica de amor cuyo eco se proyecta a través del tiempo. Con gran fuerza narrativa, el autor entrelaza tramas y enigmas a modo de muñecas rusas en un inolvidable relato sobre los secretos del corazón y el embrujo de los libros, manteniendo la intriga hasta la última página.”

Carlos Ruiz Zafón nació en Barcelona, España, el 25 de septiembre de 1964. Zafón —que dice que "siempre había sabido que quería ser escritor desde que tenía 5 o 6 años"— se educó en el colegio de los jesuitas de San Ignacio de Sarriá, después se matriculó en Ciencias de la Información y ya en el primer año le surgió una oferta para trabajar en el mundo de la publicidad. Llegó a ser director creativo de una importante agencia de Barcelona hasta que en 1992 decidió abandonar la publicidad para consagrarse a la literatura.

Comenzó con literatura juvenil: su primera novela, El príncipe de la niebla, la publicó en 1993 y fue un éxito: obtuvo el premio Edebé. Carlos Ruiz Zafón, que desde pequeño había sentido fascinación por el cine y Los Ángeles, usó el dinero del galardón para cumplir su sueño y partió a Estados Unidos, donde se radicó; pasó allí los primeros años escribiendo guiones al tiempo que continuaba sacando nuevas novelas. Las tres siguientes también estuvieron dedicadas a lectores jóvenes: El palacio de la medianoche (1994), Las luces de septiembre (1995) (estas, con su primera novela, forman La Trilogía de la Niebla que posteriormente serían publicadas en un sólo volumen) y Marina (1999).

Carlos Ruiz Zafón
La consagración como escritor superventas vino en enero de 2002, con la publicación de su primera novela 'para adultos', La sombra del viento, que Ruiz Zafón presentó al premio Fernando Lara 2000. No ganó, pero Ruiz Zafón quedó finalista y Editorial Planeta decidió publicarla a insistencia de Terenci Moix, uno de los miembros del jurado. Traducida a numerosos idiomas, la novela, cuya introducción en España fue en un principio difícil y lenta, se ha convertido en una de las obras españolas más vendidas en el mundo, con más de 10 millones de ejemplares.

El juego del ángel (2008) y El prisionero del cielo (2011) complementan la tetralogía de “El Cementerio de los Libros Olvidados”, de la cual está por publicar su cuarta y aparentemente última entrega.

Seguramente haya oído hablar de este escritor con anterioridad, pero cuando de verdad llamó mi atención fue en la Fiesta del Libro y la Cultura celebrada en Medellín el pasado mes de septiembre.

Entre los cientos de estanterías y las decenas de expositores, donde me di gusto caminando y curioseando como un niño en una juguetería en las dos o tres jornadas en que asistí, me topé con grandes pilas de ejemplares de un sello de la Editorial Planeta llamado “Booket”. A veces algunas cosas, entre ellas los libros, entran por los ojos, y las portadas de las novelas juveniles de Zafón llamaron mi atención. La promoción otorgaba un tercer libro completamente gratis por la compra de dos, y luego de leer las sinopsis y unos primeros párrafos bastante atractivos, tomé nota del autor. Más tarde pregunté a algunos amigos, y solo recibí buenas referencias.

Aun así, al final mi presupuesto me impidió hacerme con los ejemplares que quería, pero la espina quedó clavada.

Dos meses más tarde, en plenas vacaciones, finalmente me hice con un ejemplar de La Sombra del Viento, primera novela del ciclo del Cementerio de los Libros Olvidados, y bastó leer un par de páginas para darme cuenta de que había valido cada peso que invertí. Me sorprendí a mí mismo sonriendo desde un comienzo como no lo hacía desde mucho tiempo atrás y pensando para mis adentros, literalmente, “qué maldito cabrón tan talentoso”, en el buen sentido de la palabra, claro, y con todo mi respeto para con el autor.

Trilogía de la Niebla

 La prosa de Zafón me cautivó desde un comienzo. Es una maravillosa mezcla de una prosa que raya a veces en lo poético con una historia mágica que hechiza y atrapa desde un comienzo. La belleza de su narrativa, que goza de un dominio impresionante del lenguaje, hace que te sea imposible soltar el libro una vez comienzas.

Frases y pasajes como estos —como digo, en apenas dos páginas— son una muestra del talento narrativo de Zafón, que posee una cualidad especial para pintar lugares, momentos y personajes:

«Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.»

«Sólo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme. Seis años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía un espejismo, un silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras»

«De niño aprendí a conciliar el sueño mientras le explicaba a mi madre en la penumbra de mi habitación las incidencias de la jornada, mis andanzas en el colegio, lo que había aprendido aquel día… No podía oír su voz o sentir su tacto, pero su luz y su calor ardían en cada rincón de aquella casa y yo, con la fe de los que todavía pueden contar sus años con los dedos de las manos, creía que si cerraba los ojos y le hablaba, ella podría oírme desde donde estuviese.»

« —Hay cosas que sólo pueden verse entre tinieblas —insinuó mi padre
blandiendo una sonrisa enigmática que probablemente había tomado prestada de algún tomo de Alejandro Dumas.»

Y esto es solo el comienzo. Un comienzo, repito, que cautiva desde un primer instante.

La Sombra del Viento es la historia de un amor trágico, es un relato de suspenso, misterio e intriga que por momentos hace gala de brotes cómicos de la mano de algunos de sus personajes, perfectamente pincelados además, pero también es la historia de un libro y su autor. Estos dos elementos, un libro misterioso parte de una obra casi inconseguible, y un autor desconocido cuyo pasado parece estar siendo borrado por un misterioso personaje que campa como una sombra por las páginas de la novela, son los que llaman la atención en un primer momento. Para aquellos amantes de los libros que ven en ellos más allá de un simple depositario de historias y hechos impresos, que los ven también como un objeto valioso, de culto, lleno de misterio y magia en sí mismo, pueden encontrar en este aspecto de La Sombra del Viento un atractivo especial, como fue mi caso.



Parte de mi pasión por la literatura está relacionada con el coleccionismo, y aquellas ediciones raras, escasas, aparentemente imposibles de conseguir y que con el tiempo se convierten casi en un mito, tienen para mí ese gran atractivo de la búsqueda y el sorpresivo encuentro, por lo que fue inevitable sentirme íntimamente ligado al misterio que corre tras el libro que Daniel Sempere, el protagonista, encuentra por azar en el Cementerio de los Libros Olvidados, un lugar inmenso lleno de recovecos, pasillos, puertas y estanterías interminables, cuyos rincones y pasajes parecen no tener principio ni fin.

A partir de la lectura del libro que encuentra en el lugar al que lo lleva su padre en esa inolvidable mañana de 1945, Daniel se ve arrastrado al misterio que envuelve a la obra, y comienza una búsqueda que le llevará años y en la cual irá encontrado el sentido de su propia existencia.

Historias dentro de historias dentro de historias, se tejen una tras otra de forma magistral a lo largo de las casi seiscientas páginas que componen el libro, en el cual el autor nos regala de paso una excursión por la Barcelona de la posguerra. Calles, pasadizos, caserones, librerías, bibliotecas, colegios y demás, son descritos con la belleza de una acuarela, al tiempo que, junto con el protagonista, somos llevados a través del corazón del misterio.

¿Quién es Julián Carax? ¿Por qué es tan difícil dar con su obra? ¿Quién es ese misterioso personaje que camina amparado por las sombras quemando cada ejemplar del autor que se cruza en su camino? ¿Cuál es la maldición que parece envolver cada lugar, cada persona vinculada con el pasado de Carax?

Estos son solo algunos de los interrogantes que surgirán a medida que la telaraña de hechos se sucede entre respuestas que generan más preguntas y extraños callejones sin salida.

Hace ya un mes y medio que había comenzado el libro, pero con la vuelta al trabajo apenas había podido leer. Esta semana pude retomarlo, y en apenas tres o cuatro días me devoré las 400 páginas que me faltaban. Solo el sueño hacía que me detuviera en una lectura que no quería soltar. Pasada la mitad del libro simplemente es imposible parar de leer, los cabos se empiezan a atar, y con sorpresa tras sorpresa todas las piezas del enigma comienzan a encajar. Una vez terminado el libro, con unas últimas líneas que me produjeron un escalofrío de emoción —cosa que rara vez sucede—, solo pude rendirme ante esta obra maestra, que sin duda alguna es de lo mejor que he leído.

Muy, pero muy recomendable. Y si queda alguna duda, les cuento que hasta el mismísimo Stephen King lo leyó y lo recomienda de la siguiente manera:

«Si alguien pensaba que la auténtica novela gótica había muerto en el siglo XIX, este libro le hará cambiar de idea. Una novela llena de esplendor y de trampas secretas donde hasta las subtramas tienen subtramas. En manos de Zafón, cada escena parece salida de uno de los primeros films de Orson Welles. Hay que ser un romántico de verdad para llegar a apreciar todo su valor, pero si uno lo es, entonces es una lectura deslumbrante.»




Espero más pronto que tarde poder acercarme a otras obras del español que con este primer libro se ha ganado mi respeto y admiración. :)

Y espero, cómo no, regresar al Cementerio de los Libros Olvidados…


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