lunes, 23 de mayo de 2011

DIARIO DE UN MUERTO / Capítulo III


Los Renegados presentan:

DIARIO DE UN MUERTO
Capítulo III

Escrito por: George Valencia (Calavera)




17 de mayo de 2011

¿Les he contado dónde vivo? Creo que no, ¿no es cierto?
Bueno, solventaré ese desajuste.
Cuando llegué a este plano hace ya cuatro años, luego de que Carvajal me acorralara y decidiera suicidarme, deambulé sin rumbo durante un tiempo. Sabía que estaba muerto, obvio, pero aún no tenía claro dónde me hallaba ni por qué. Con el transcurrir de los días comencé a sentir la falta de un lugar al que pudiera llamar hogar, un sitio que sintiera mío aunque estuviese muerto.
No tardé mucho en encontrar una pequeña casita abandonada. Aunque, a decir verdad, abandonada no es la palabra. Supongo que sus propietarios han intentado venderla por años sin ningún resultado porque el letrero de “En Venta” ya estaba descolorido y agrietado por la humedad cuando yo llegué. La encontré el mismo día en que me tiré a las vías por vez primera. Ese día, luego de despertarme en el claro, me dirigí a la ciudad, perdido en mis pensamientos. Vagué por el bosque sin ninguna ruta fija, simplemente dejando que el descenso de la montaña condujera mis pasos.
Estaba a punto de dejar atrás el bosque y entrar por ese extremo del lado este de la ciudad cuando me topé con la propiedad desierta donde se encuentra lo que ahora llamo hogar.
Es una casita estilo cape cod que se halla ubicada en una zona residencial poco concurrida. Las propiedades de la zona están apartadas unas de otras por amplios solares y cercados por tupidos setos que delimitan el territorio de cada vivienda, lo que le da una cierta independencia que me viene de perlas.
El día en mención entré a curiosear un poco. La puerta trasera, cuyo patio lindaba con el bosque, estaba entornada y no me resultó difícil acabarla de abrir y entrar. Los muertos tenemos nuestras limitaciones, pero tampoco nos dejamos joder por una simple puerta, ¿eh? El caso es que entré y  vi que estaba medianamente amoblada; se notaba a leguas que llevaba tiempo sin estar habitada, así que me apropié de ella. Además, me encantó la decoración y el acabado… Era hermoso… Nah, es broma. Me importa un cuerno la decoración. Simplemente estaba desocupada y eso para mí fue suficiente. No quería lidiar con una familia quisquillosa o problemática.
Si les digo la verdad, cada cierto tiempo viene una agente de bienes raíces, bastante guapa por cierto, con una pareja de recién casados o una mujer solterona interesada en la casa, pero parece que la residencia les causa una mala impresión, sienten una extraña sensación que les desagrada y optan por pasar. No me echen la culpa, ¿eh? Me gusta la casa y después de un tiempo la he empezado a sentir como propia, así que supongo que algo de eso se le ha impregnado al lugar. Soy un tipo tranquilo y sin malas costumbres, al menos no muchas, así que si no les gusta la casa no es porque sientan alguna mala energía ni nada por el estilo. Simplemente la sienten ajena, distante, qué sé yo.
Que se vayan a comprar a otra parte.


Quería dejar en claro lo de mi linda y acogedora casa (sí, me gusta referirme a ella con apelativos cursis; ¿algún problema?) porque George ya la conoció y ha tomado la costumbre de pasarse de tarde en tarde a visitarme o a invitarme al bar ese, El Zaguán, a soportar su música. La verdad no me molesta, porque aún me ronda en la cabeza la conversación con la pelirroja y me muero de la ansiedad por volver a verla y preguntarle más cosas sobre su muerte.
¿Pueden creer que ni siquiera le pregunté el nombre? Qué palurdo que soy. Pero bueno, cada vez que voy con George me mantengo ojo avizor por si la veo. Creo que tenemos mucho de qué hablar. Debo preguntarle más sobre la luz y sobre la voz que le habló induciéndola a seguirla. El hecho de que yo no haya tenido la oportunidad de elegir mi destino al morir me sigue cabreando.
Hay gato encerrado.


           18 de mayo de 2011

He estado hablando mucho con George.
Ahora que recuerdo, me ha insistido una y otra vez en que lo llame Skull. Dice que así lo llamaban en vida. Pero cuando lo intento, me jode cada dos por tres porque, según él, no lo pronuncio bien. Así que a la mierda con su Skull. Se quedó George y listo.
He descubierto que cuando no está escuchando esa música que parece una pelea de perros y gatos, puede llegar a ser un tipo bastante agradable. Es interesante charlar con él y tiene un millón de historias para contar que son para cagarte de la risa.
Ayer nada más, mientras dábamos una vuelta por la pequeña ciudad en su viejo Mustang, me contó que lleva apenas un par de años muerto, pero que para él ha sido una de las mejores etapas de su vida… Bueno, ya me entienden. Dice que lo ha pasado en grande en estos dos años. Viene de la gran ciudad, de la capital, que queda a un par de cientos de kilómetros, y asegura que estar muerto ha sido para él una bendición. Asistió a más conciertos, se acostó con más mujeres y se embriagó más de lo que alguna vez lo hizo en vida. ¡Vaya ironía! El maldito está loco, sin duda.
—¿Y por qué demonios te viniste para este pueblucho?, si se puede saber —le pregunté en un momento dado.
Habíamos parado un rato para tomar aire. Nos encontrábamos en el otro extremo de la ciudad, en una zona del noroeste donde hay una serie de miradores desde los cuales se puede contemplar un lindo panorama, cada uno provisto con una cerveza bien fría.
—A ver, viejo Alan, es una larga historia…
—¿Ah, sí? —dije con todo dubitativo.
—¡Un momento! La verdad no lo es —dijo George riéndose de su propia ocurrencia—. Es fácil resumirlo: las cosas se pusieron feas y preferí huir antes de que la mierda me alcanzara.
—¿Cómo se pueden poner las cosas feas estando muerto? ¿Qué más feo puede haber que haber estirado la pata y tener la lápida pegada al culo?
George me observó un momento, divertido. Luego chasqueó la lengua y miró de nuevo la ciudad, perdiéndose su mirada en la lejanía. A decir verdad, en los pocos días que han pasado desde que lo conocí nunca lo había visto tan meditabundo.
—Eso es lo que tú crees. Pueden ponerse feas. Muy, muy feas. Has estado mucho tiempo aislado y solitario, actuando como un pendejo ermitaño, y en esta ciudad no pasa gran cosa, así que no te das cuenta de la realidad. La muerte no deja toda la mierda atrás. Algunas veces te persigue, u otras simplemente surge luego de un tiempo. La mierda es un común denominador en la existencia del ser humano.
—¡Vaya, qué filósofo! —me burlé.
George me miró con el entrecejo fruncido, y luego estalló en una sonora carcajada.
—Sigo sin explicarme cómo puede meterse uno en problemas estando muerto —insistí luego de un momento.
—La verdad es que yo me hice el de la vista gorda. A mí que me den mi heavy metal, mi cerveza y mis mujeres. Poco más me importa. Es sólo que a veces uno ve cosas… Sí…, a veces uno ve cosas que prefiere olvidar, o restarles importancia. Pero si alguien se da cuenta de que uno vio algo, van y te buscan y te joden la fiesta. Yo prefiero mantener la mierda apartada, a menos de que se la mía.
—Sigo sin entender qué te empujó a abandonar la capital. Quiero decir, estás muerto. ¿Qué te podrían hacer? ¿Matarte? —Muy a mi pesar, la cosa me causaba bastante gracia. El problema era que a George no le causaba la más mínima.
Me miró fijamente y me espetó:
—Tú no entiendes nada, ¿eh, viejo Alan? No me jodas más y vámonos al Zaguán. Hoy es dos por uno.
—¿Qué es dos por uno? —pregunté.
—Entran dos y sale uno.
—¿A qué te refieres?
—A que si no me dejas de molestar, te mando a tomar por el…
—¡Ok, ok! —accedí.
No se dijo más y nos fuimos. No era mala idea ir a escuchar un poco de ruido. A decir verdad, me empiezo a acostumbrar. Además, quizá viera a la pelirroja.


20 de mayo de 2011

En realidad ese día no vi a la pelirroja.
El bar estaba muy poco concurrido. Quizá porque no había banda en vivo, o porque el martes jugaba el equipo de fútbol local y a la mayoría el fútbol les sigue gustando después de muertos.
Así que me quedé con las ganas de verla. Ya aparecerá, me dice George, a quien la chica le trae sin cuidado.
Supongo que tiene razón.


En los dos últimos días volví a degustar un poco de soledad. George no apareció. Me dijo que está cansado de dormir en el coche y que está buscando una casa de su agrado para asentarse de una vez.
No pensamos en compartir la mía; ninguno lo mencionó. Supongo que a los dos nos gusta la independencia.
Volver a estar solo de nuevo, luego de disfrutar de unos días junto al loco ese (luego de disfrutar mis primeros días en compañía de alguien en realidad), me ha hecho darme cuenta de que me agrada mucho haber conocido a George y a la pelirroja, aunque a esta última sólo la haya tratado una sola vez en la tarde del jueves pasado, hace una semana ya. Sé que suena raro, pero hay algo que me hace extrañarla, y no sólo por el hecho de que me haya dejado lleno de interrogantes con lo que me contó, sino porque siento, intuyo, que es importante que la encuentre de nuevo, que hay algo que debemos hacer juntos.
A lo mejor son pendejadas mías, pero eso es lo que me ha rondado en la cabeza últimamente.
Por cierto, no me he vuelto a suicidar desde ese día. Quizá estoy dejando el vicio, qué sé yo. En estos días he estado deambulando tranquilamente por ahí, caminando como un ciudadano más. Ya no evito el encuentro con otros muertos, aunque tampoco haya buscado relacionarme con ellos. Pero sí me siento más tranquilo ahora que he dejado la soledad atrás. Hasta fui solo al Zaguán. Me tomé un par de cervezas, y en un momento dado me sorprendí a mí mismo tamborileando los dedos en la barra y agitando mi cabeza al son del heavy metal.
¡Cómo cambian las cosas, ¿eh?!


23 de mayo de 2011

Algo está pasando, amigos y vecinos. Algo se cuece, y sé que ese algo tiene que ver conmigo. Que me aspen si no es así. Doña Blanca no crió a un imbécil.
Hoy estuve deambulando por ahí, sin ningún rumbo fijo (George sigue perdido), y antes de llegar al centro de la ciudad empecé a tener la sensación de que me seguían. Me sentí observado, vigilado. Aunque ¿vigilar a un muerto? ¡Por favor! Hasta a mí me causa gracia.
No obstante, aun ahora siento cierta incomodidad y desazón. Algo no marcha bien... Algo se cuece o me dejo de llamar Alan Santos.
Fue una sensación fea. Quiero decir, y aunque suene como una maldita cantinela, ¡estoy muerto! ¡¿Por qué alguien habría de seguirme?! ¡Es una jodida locura!
Un par de veces me di vuelta subrepticiamente, y en ambas ocasiones noté la sombra de alguien que se escondía con rapidez en el umbral de alguna puerta. Estaba un poco lejos, quizá a poco más de una cuadra de distancia. La sensación de opresión y ansiedad iba en aumento, a pesar de que me caracterizo por ser un tipo calmado. Decidí seguir mi camino como si tal cosa, y no demostrar que me di por enterado.
Sólo después de mucho rato, noté que la sensación opresiva desaparecía.


Al llegar a casa, en un irracional arrebato de pánico, hasta pensé en cambiar de residencia. Sí, eso era. Me iría a otra parte. Me largaría y me olvidaría del asunto.
Pero entonces cambié de opinión.
Yo no le debo nada a nadie, al menos a nadie que esté muerto, y tampoco soy un maldito cobarde. Si hay algo que me está rondando por ahí, y estoy casi seguro de que así es, pues que se deje ver. Por mí no hay inconveniente; soy un tipo tranquilo. Y no quiero irme de mi casa sólo porque algún muertucho de quinta me echó el ojo.
Bueno, qué demonios, la verdad sí me produce inquietud. Además, no me gustan los misterios, y menos aun desde que estiré la pata. Me dan agriera.
Y yo que pensé que había dejado los problemas atrás… ¡Diablos! Sé que el que lea estas líneas pensará que soy un estúpido paranoico, pero de verdad siento que algo no marcha bien. A lo mejor George tenía razón al decir que las cosas no son tan de color de rosa como parecen.
Algo huele mal.
Muy mal.

4 comentarios:

Luther dijo...

Nooooooooooooooo Alan, cómo se te olvidó preguntarle el nombre a la peliroja buenona XD
Cada vez hay más misterios. Ahora se suma lo de "eso" o "ese" que está siguiendo a Alan. Parece que tendremos más suspenso para rato, aderezado de bueno humor :D
Buena Calavera!!!

PD: debo confesar que se me hace muy extraño leer sobre un personaje que también es el autor. Ya sabes a lo que me refiero. Creo que tendré que acostumbrarme o me voy a terminar loco!!!!

Luther dijo...

Bien, de nuevo en palco XD

Calavera dijo...

Luther, como te dije en la entrada del capítulo anterior, la idea de mi alter-ego fue de Adrián. Para mí mismo fue una sorpresa!! Pero no te fíes: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. XDDD

Muchas gracias por leernos y comentar!! :D

PAOLA RUIZ dijo...

Empieza el misterio...esto me empieza a gustar!!!

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